La soledad del emprendedor

El emprendimiento es un estado progresivo. Cuando una persona se define como emprendedora, se entiende que está en ese punto de emergencia en que su negocio aún no es sólido. Hoy en día emprender es una práctica extendida; cualquiera, a cualquier edad, puede tener ideas emprendedoras y ponerlas en marcha con finalidad empresarial. Sin embargo, sigue siendo un acto de excepción en la vida de una persona, que exige riesgo, valentía y mucha actitud mental. Normal que estén tan de moda los cursos y plataformas que dan apoyo a las personas en esta situación.

Aunque en internet es fácil encontrar materiales y comunidades para emprendedores, lo cierto es que, en el ámbito más íntimo, los que empezamos un negocio podemos sentirnos bastante desconectados del entorno. El estado mental en el que te ves imbuida de pronto es ajeno a todo lo que conocías, y aunque intentes compartirlo con tus seres queridos, es difícil que comprendan las inseguridades típicas del proceso. A mí esto me lleva a un temor general que me impide hablar sobre mí, sobre mis proyectos, y finalmente, a querer simplemente salir y relacionarme.

Aeropuerto de Kuusamo, Finlandia

Mis amigas, aunque en situaciones diferentes, han hecho gala de su enorme comprensión y amor, incluso acerca de mi necesidad de encerrarme. Cito a una de ellas: “Hay una frase que no sé dónde escuché, que dice que a la gente de siempre (amigos de toda la vida, familia, etc), se les quiere, pero que te rodees de tus iguales, de los que van a por lo mismo que tú. Y con eso nos incluyo a nosotras si no somos apoyo suficiente”. No es una despedida ni un girarnos la espalda por ninguna de las dos partes, es una magnífica muestra de presencia y aliento. Las personas están en nuestras vidas para aportarnos cosas diferentes. Una sola persona no puede complementarme en todos los sentidos, porque somos seres multidimensionales, pero sí puede aportarme animándome a buscar, aunque sea lejos de ella.

Y quien dice una persona, dice un Estado. A menudo también es necesario alejarte de tu país para aprender. Desde las orillas del Mediterráneo he sido enviada a aprender de los países nórdicos. He tenido la enorme suerte de ser elegida para formar parte del programa “Emprendedoras para el cambio”, organizado por la EOI, en el que las beneficiarias recibimos formación y mentorías personalizadas que nos ayudarán a lanzar nuestros proyectos. El programa, aunque es online, incluía una primera toma de contacto, intensa y presencial, por medio de un inspirador viaje a Finlandia.

Universidad de Ciencias Aplicadas de Oulu, Finlandia

Aprender de una sociedad tan avanzada, con un modelo educativo que impulsa las competencias y el emprendimiento de los ciudadanos, ha sido totalmente revelador.

Hemos viajado desde España 24 mujeres con propuestas empresariales de lo más variopintas y todas interesantísimas. En Finlandia hemos nos hemos unido a otras 24 mujeres de allí, empresarias con recorrido, que nos han servido de modelo. Por medio de visitas a centros de impulso del emprendimiento como universidades y empresas, y talleres participativos, así como la convivencia y actividades de inmersión, hemos descubierto que todas somos iguales, tanto las novatas como las expertas, e independientemente del lugar en que hayamos nacido. Todas tenemos sueños, miedos, contratiempos, tácticas de superación, valores comunes y una misión que nos guía.

Rukan Salonki Chalets, Laponia, Finlandia

Ahora esos entes inmateriales, emprendedoras del mundo, que yo antes intuía porque se paseaban por las redes, tienen rostro y voz, son caras amigas y compartir con ellas mi proceso me hace sentir agradecida. Ya me he convencido de que no estoy sola, y aunque vuelva a la soledad de mi cueva, a seguir trabajando en mi proyecto, esta experiencia me ha llenado de la energía humana que necesitaba para entenderme quien soy yo en este viaje interior que es montar una empresa.

Cómo sacar partido de las mentiras

Las mentiras nos rodean por todas partes: en la historia, en la vida social, en las declaraciones de los personajes públicos y en la boca de nuestros allegados; pero solo hay unas mentiras que importan, las que instalamos en nuestra cabeza.

Hay gente que miente compulsivamente. He observado a algunas de estas personas y lo más sorprendente es que ellas mismas se convencen de que los hechos y diálogos que inventan son reales: “No me han pagado lo que me corresponde”, “Llego tarde porque he estado trabajando”, “No conozco de nada a esta persona”, «Fulanito me ha insultado»…

Grutas de Yungang , Datong, China

Hay ciertos contextos en que hacer trampas (mintiendo) está incluso admitido: entrevistas de trabajo, venta agresiva, ciertos juegos, política…

Hay personas que no paran de engañarse a sí mismas, diciéndose que no pueden, que no valen, que son víctimas; o, al contrario, que son omnipotentes, que han encontrado al príncipe azul o que todo el mundo las quiere.

Hay mentiras ancestrales que llevamos siglos repitiendo inconscientemente como si fuesen axiomas indiscutibles. Expresiones como: “la confianza da asco”, “la verdad duele”, “los hombres no lloran”, “todas las mujeres quieren ser madres”…

La verdad es tan simple como que todo es mentira. Cada uno se la adapta de la mejor manera que puede para garantizarse su propia subsistencia.

Puesto que nada es real, yo prefiero crearme una mentira que al menos no me haga sentir como una mierda para el resto de mis días, ni pensar que la esperanza está completamente perdida.

La vida está llena de dificultades, pues me voy a autoengañar convenciéndome de que me encantan los retos. No siempre salen las cosas como una quiere, así que me voy a repetir que cualquier destreza requiere de entrenamiento. Hay personas que entorpecen nuestro camino, y me digo que es necesario, en la misma proporción en que hay muchas personas que están dispuestas a ayudarnos. Los amigos vienen y se van, por eso me voy a consolar pensando que, si somos seres libres, tenemos derecho a cambiar. Al final uno siempre está solo, y yo creo a pies juntillas que gozar de la soledad es un privilegio, y que, si me enamoro de esa voz interna que me dice cosas bonitas por dentro, nunca estaré realmente sola.

Sobre la autenticidad del personaje público – II parte: Todos necesitamos creer en algo

Convencionalmente la credibilidad se asociaba al prestigio del informante, digamos, a sus credenciales; pero gracias al fenómeno de las redes sociales, ahora se asocia cada vez más a la presencia de esa persona en plataformas virtuales, y por supuesto, a su número de fans, a la amplitud del alcance de su mensaje.

La credibilidad de un personaje público se mide en el nivel de confianza que genera entre las masas. Se entiende que sus seguidores, gracias a las redes sociales declarados explícitamente como tales, se interesan por sus manifestaciones porque las apoyan, las consideran de provecho o como mínimo, de peso en el contexto general. Es decir, que confían en la importancia de lo que ese personaje transmite. Por eso le siguen.

Ningbo, China

Muchas veces, el número de seguidores sirve a los “no seguidores” como referencia de que ahí hay algo importante, por lo que también se adhieren a seguir a ese personaje. Es decir, más seguidores implica más credibilidad. Es un crecimiento exponencial que tiene que ver con un comportamiento general: el impulso de seguir lo que es popular, más que con lo que esa persona realmente expresa.

El sistema de popularidad en redes es un sistema que tiene muchos puntos oscuros, seguramente muy criticables, empezando por decir que es todo un juego de luz y color. A veces pueden ensalzarse figuras que son espejismos, no tienen ningún talento destacable, pero eso es porque no consideramos destacable su habilidad de hacerse visibles y su carisma para enganchar con los intereses de la gente, por banales que sean. Lo que hace de este circo un sistema injusto es que muchas personas portentosas, con talentos más convencionales: conocimientos en áreas específicas, creatividad, habilidades pedagógicas o destrezas físicas, personas que podrían aportar grandes valores a la sociedad, privan al mundo de su talento por no entrar en el juego de la popularidad, imprescindible para tener credibilidad. No quieren, no saben o no pueden. Es una pena, pero es lo que hay, porque casi nadie, ni industrias ni usuarios, queremos perder tiempo explorando las propuestas de personas desconocidas.

Habrá muchos ídolos de internet que sí sustenten su popularidad en talentos excepcionales, pero al convertirse en ídolo, a la gente le interesa el personaje que hay detrás de ese talento, quiere saber más sobre su vida y ahí se construye la ilusión, una vida de ensueño, o de sombras. Presunciones, idealizaciones, acusaciones… Imposible frenar el tren de la imaginación de millones de personas que se sienten con derecho a opinar sobre sus vidas, porque por eso son patrimonio de la humanidad.

Nanjing, China

Al final, la popularidad es prácticamente incompatible con la autenticidad. Incluso quien pretenda ser muy auténtico diferenciándose de los demás corre el riesgo de convertirse en un imitador del raro personaje que se ha creado. La presión de la mirada ajena es una jaula. Los personajes públicos están atrapados en la red de las apariencias. En el mar lleno de peces que es la gente común, las redes sociales extraen a los pescados más grandes para sacarlos al mercado, y el mercado dice que esos son los que valen.

Sobre la autenticidad del personaje público – I Parte: Ser una autoridad

Actualmente TODO ha de pasar por el escaparate de las redes sociales, sino no existe. Un profesional tampoco lo es sin el aval de su popularidad en las redes. Es lo que se ha puesto de moda denominar como: “ser una autoridad”.

Para ser una autoridad en tu vertiente profesional, significa que debes tener visibilidad pública y aclamo de las masas. En las redes sociales esto es fácilmente medible: ¿cuántas personas te leen, cuántos seguidores, cuántos “megusta”, cuántas veces compartidas tus publicaciones?

Casa de Campo,Madrid

No basta con ser bueno en tu trabajo, no basta con producir. Ese trabajo, es decir, el resultado de lo que haces, es secundario. Lo más importante es la marca personal que lo acredite. Los clientes pueden sentirse atraídos por los servicios que ofertas, pero se sentirán mucho más atraídos por la gran personalidad ejecutora de tales servicios o productos. A las masas les gusta escuchar lo que tiene que decir una gran figura: empresarial, estética, técnica, especialista, deportista, artista, provocadora, millonaria… Merece atención cualquier perfil que se destaque de entre todos los bustos sin rasgos, siluetas monocromas, carentes de imagen de perfil, que representamos los millones de personas comunes, es decir, los que no tenemos miles de seguidores en las redes sociales.

Ese afán por diferenciarse y, sobre todo, por alzarse por encima del resto de usuarios comunes, lleva cada vez a más personas a vivir dedicadas a crear una vida virtual que pueda resultar atractiva para los consumidores. Es necesario invertir mucho tiempo para triunfar en este empeño. Aquellos quienes tienen recursos contratan a un equipo que se ocupe de esta exigente tarea. Para otros es una pasión dedicarse personalmente, da sentido a su existencia física, es decir, a la que está fuera de las redes. Se pasan el día ideando estrategias para ampliar su estudiado número de seguidores, que miran fluctuar a lo largo de los días, como si de un angustiado inversor en bolsa se tratara, todo el tiempo pendiente el valor de sus acciones.

Se entiende esta dedicación cuando, como he comenzado diciendo, ser una autoridad se ha convertido en un requisito necesario para ganar credibilidad como profesional en tu campo. Además, están aquellos “profesionales de la popularidad” que no tienen por qué tener un campo de desarrollo profesional concreto, sus esfuerzos van destinados simplemente a ser una autoridad en ser una autoridad. Es decir, en tener a miles de personas pendientes de cómo respiran. Son los denominados “influencers”. Pueden ser generadores de opinión y pautas de consumo en áreas concretas, pero su afán de ser famosos no es el de promocionar sus servicios o productos, sino los de otros por medio de su conquistada autoridad.

Y así dejo explicado brevemente qué es ser una autoridad en el mundo digital hoy en día. En siguientes capítulos, más revelaciones sobre lo que ser una autoridad implica. Y no, yo no soy una autoridad en la materia, pero es que ser una autoridad es una ilusión óptica, por lo que, si yo fuese una autoridad, tal vez no quisiera publicar estas reflexiones.

Continuará…

Se nos ha suicidado otro valiente

Hoy se nos ha anunciado una nueva muerte en el círculo de amigos de la adolescencia. Nueva, porque el año pasado se ya se fue uno de este mismo entorno. Y no es el único entorno, también hace poco se me anunció el fallecimiento de otro compañero de otro ámbito diferente. Los junto a todos porque la causa es la misma, suicidio.

Me cuesta hasta escribirlo, porque es un tema tabú. Por un lado, quien lo comenta parece desagradable por sacar el tema; y, por otro lado, parece como si se acusara a los fallecidos, como si se desmereciese su memoria por mencionar este último acto de sus vidas.

Pues es hora de acabar con el tabú, porque ni ellos han hecho nada extraño, ya que cada día 10 personas se suicidan en España; ni el que lo comenta, como estoy haciendo yo ahora, está siendo morboso. Los expertos aconsejan que se hable de este problema.

La Doriga, Principado de Asturias

Es una tragedia que personas con más de media vida por delante, en apariencia normales y corrientes, alberguen en su interior tanto sufrimiento como para decidirse a dar un paso tan doloroso, para ellos y para sus seres queridos. Es sin duda síntoma de que algo va mal en nuestra sociedad, y es que no son casos aislados, el suicidio resulta ser la causa número uno de muerte no natural en nuestro país. Y eso considerando solamente los que lo logran, ya que hay muchos otros que lo intentan sin conseguirlo.

Mira a tu alrededor y verás varios suicidas. Es así de duro decirlo, pero es la realidad. Parece que da miedo decirlo porque si se asume como algo normal, tal vez se anime a más gente a dar el paso. Lo que yo quiero normalizar, poniéndolo así de claro, es que en la mayoría de los casos falla la comunicación. Por querer callarlo, cuando vemos que alguien está mal, miramos para otro lado. Y el que está mal, por no querer molestar, acaba callando.

Por eso yo admiro tantísimo a la gente valiente que da ejemplo de honestidad, que admite haberse encontrado en el mismo barco, que con su confesión pública hace a los demás sentirse acompañados. Porque ¿quién no ha pensado en la muerte? ¿Quién no se ha sentido solo alguna vez en su vida? El suicidio es el acto de mayor soledad del mundo, de una soledad rumiada durante mucho tiempo.

Ahora mismo tengo amigos conmocionados, atónitos por un hecho que se ha repetido en un breve espacio de tiempo. Las dudas nos asaltan: ¿va a haber otro? ¿quién será el siguiente? ¿a quién estamos descuidando?

Una íntima amiga mía, muy amiga del recién desaparecido, me ha contactado preocupada, reflexionando sobre la necesidad de cuidarnos más, de querernos más y decírnoslo, de hablar más de cómo nos sentimos realmente… Intuyo que, como soy una solitaria con un tipo de vida poco convencional, me ha identificado como otra posible agente de riesgo.

Camino primitivo, Principado de Asturias

Yo desde aquí quiero tranquilizar a mis seres queridos: no tengo ninguna intención de truncar este regalo que es la vida y que hoy sé apreciar. Sí voy a hacer una confesión: debo mucho de mi conquista de la felicidad al estudio del crecimiento personal, y doy las gracias a las personas que me han animado a explorarlo por medio de su ejemplo.

Emei Shan, Chengdu, China

Mucha gente desprecia la filosofía positiva, los manuales de autoayuda, las terapias, las religiones, y todo tipo de herramientas que otros exploramos para intentar superar la adversidad. No pasa nada si a ellos, que les parecen chorradas, no les funciona. Pero no se dan cuenta de que, adoptando esa postura prejuiciosa, censora y de superioridad, están contribuyendo a oprimir a ésos que se sienten mal y que no se atreven ni a expresarlo ni a buscar ayuda para no ser tachados de débiles o ilusos. Esta sociedad de falsas apariencias, de competitividad, de materialismo, de chismorreos y de envidias es la única culpable. Quienes se suicidan, quienes lo intentan, o quienes intentan sobreponerse a su malestar por medio de la comunicación abierta, el desarrollo personal, la medicina o la espiritualidad, son la resistencia, los verdaderos héroes de esta historia.

Tu blog personal, ¿y a mí qué me importa?

Detrás de todo blog hay una persona, que es la responsable última de lo que publica.

Ningbo, China

Los blogs han pasado a ser los generadores de contenido principales de nuestro tiempo. Millones de personas actúan como reporteros, comentaristas, filósofos, analistas, críticos, informadores o formadores, sin por ello necesitar de ningún grupo editorial que les avale. Y lo cierto es que estos contenidos no son menos interesantes por no haber pasado ese filtro de selección profesional. Los periódicos más importantes alimentan sus secciones con artículos extraídos de blogs. Muchísimas personas hacen búsquedas en Internet que acaban siendo satisfechas por la entrada de algún blog.

El blog es lo que es. Los contenidos de los blogs son siempre parciales y testimonios inestimables del mundo en que vivimos. No compiten con las noticias, ni con los libros. Los blogs tienen su estatus único.

Dentro de la amplia temática que pueden ofrecer los blogs, los más numerosos son los llamado «blogs personales». La razón es obvia: muchos expertos escriben blogs sobre su especialidad. Éstas son limitadas y están bien acotadas: cocina, medicina, tecnología, finanzas, moda, motor, deportes, artes, etc.

Pero hay una especialidad universal e inagotable: cualquiera es una autoridad acerca de su propia persona.

¿Me importan las personas? Tal vez me guste más leer sobre informática, cine, bolsa o ecología, pero no por ello dejan de importarme los asuntos personales, que tal vez prefiero hablar en privado con las personas de mi entorno. Pero llega un día en que, en soledad, me surge una inquietud. Es un alivio saber que en la blogosfera puedo encontrar respuestas de otras personas que han sabido mostrarse expertas en ese asunto personal. Que la gente pueda expresarse libremente y yo tenga la opción de acceder a sus opiniones me importa.

Todos somos uno

A menudo descubro que una idea que creo personal y original también la han tenido y la tendrán otras personas. La historia se repite. Ya hace más de 2.500 años se escribió: “No hay nada nuevo bajo el sol”. Todos somos un mismo ser viviendo la misma vida.

Si el mundo fuera un laboratorio, las personas seríamos pequeñas muestras de esencia, colocadas en diferentes probetas y sometidas a diferentes experimentos. Cada recipiente – probeta o cuerpo humano – traería restos de la esencia ya alterada de sus antecesores. Aunque en origen todas las muestras de esencia son idénticas, al mezclarlas con diferentes elementos provocarán reacciones diversas.

Distrito de Pudong, Shanghái, China

A cada ser humano, idéntico en esencia al resto, le diferencian variables totalmente fortuitas: su recipiente, las coordenadas espaciales-temporales que le han sido asignadas, sus antecedentes y las nuevas circunstancias a las que se le somete.

Visto así, es muy fácil identificarse con los demás y sentir empatía, sensación altamente reconfortante si experimenta plenamente.

Me resulta grato incluso cuando, haciendo práctica de esta identificación, me siento responsable de los delitos que hemos cometido los humanos desde que el mundo es nuestro. La Tierra es el campo de juego de unas criaturas cargadas de defectos – o efectos de reacciones bajo ciertas condiciones -, y asumo que esos errores podrían ser obra de cualquiera, incluso mía.

Monte Qingchengshan, Chengdu, China

Puedo entender las fechorías de un delincuente. Es común decir que sus actos son condenables, pero quizás habría que comenzar condenando todos los infortunios que esa persona ha pasado, en última instancia, incluso la pobre falta de buen criterio con que ha sido educada.

Nos enseñan a odiar a los que consideramos malvados, pero también hay quien aprende, con envidia, a odiar a otros por considerarlos muy buenos. La realidad es que todos somos cualquiera, el bueno y el malo. La esencia es la misma. Mi naturaleza me hace partícipe de las fechorías del malvado y de las proezas del héroe.

Monte Qingchengshan, Chengdu, China

Y es que también la persona que alcanza grandes logros tiene la ventaja de haber encontrado alicientes a su propósito, ya sea una privilegiada posición, o la exposición a elementos que han trabajado su resistencia, ayudándola a vencer los obstáculos con los que otros sucumbieron.

Apasionada del arte, me gusta identificarme con los artistas que han sido capaces de difundir obras maravillosas. Aplaudo su gran esfuerzo por plasmar el amor y la inquietud de todos nosotros de forma que podamos vernos reconocidos y expresar esos mismos sentimientos que les inspiraron. Comprendo su lucha, su duro esfuerzo, su pasión, sus dudas, sus enfrentamientos a la crítica y su satisfacción ante el reconocimiento de su labor. No hay diferencia entre ellos y el resto de los mortales, porque su trabajo podría haber sido llevado a cabo por cualquiera, incluso por mí, bajo las mismas circunstancias que ellos tuvieron.

Todos los seres humanos somos cocreadores de nuestro progreso como especie. Todos podríamos haber sido inventores, estrategas, filósofos, deportistas de élite, maestros, mecenas… O dictadores, inquisidores, asesinos en serie, conformistas o patosos. En realidad, todos nos hemos necesitado en todos estos roles para impulsar la evolución que estamos experimentando.

Distrito Jing’an, Shanghái, China

Agradezco a todos los villanos y a todos los héroes haberme enseñado otras versiones de mí, las que hubieran resultado si yo hubiera estado en sus zapatos. Y dejando de lado a los grandes referentes históricos, cuando tengo presente que en el mundo todos somos uno, disfruto plenamente la empatía por cuantos me rodean, sean quienes sean.

Del amor al drama al placer de la crítica

Puedo observar que a todos nos atrae el drama en mayor o menor medida. No es que quiera drama en mi vida ni lo invoque en mis conversaciones con disfrute, pero sí reconozco que la observación del drama sigue apareciendo en mis reflexiones. El sufrimiento forma parte de la vida humana por mucho que se quiera evitar. En toda historia vital va a haber dosis considerables de sufrimiento, es obligatorio. Y es que, tal vez, vencer esos conflictos que la vida nos plantea sea el reto de nuestra existencia, el motivo último de nuestro paso por la Tierra. 

Bosque en el entorno del Embalse de Salime, Principado de Asturias, tras un incendio.

Personalmente, prefiero restringir mi interés por el drama a entornos artísticos, como el cinematográfico y literario. Pienso que una película o una novela sin drama, sin sufrimiento latente, sin conflicto que resolver, carece de interés. Eso sí, sin exagerar. El exceso de drama a mí se me antoja inverosímil, por lo que personalmente me hace distanciarme del relato y perder interés en las conclusiones. 

El drama, en una justa medida, nos recuerda esa asignatura pendiente de superación que todos tenemos. Para muchos, ver el drama que nos rodea es razón para sentirse mejor con el drama propio, como dice el famoso dicho: “Mal de muchos, consuelo de tontos”.

Cuando la adversidad sobrevuela a alguien cercano, parece que los más allegados tienen prisa por comentarlo, disfrazando el placer de ser un testigo ajeno y feliz con un aire de análisis, y compartiendo impresiones pudiéramos conocer mejor el mundo en el que vivimos, tomar mejores medidas y evitar el dolor.

Kyle of Durness, norte de Escocia

Un paso más en la exultación del drama es el placer de la crítica. Al detectar el defecto ajeno y señalárselo a otros, mis propios defectos se eclipsan. Al expresar que tragedia se ciñe sobre otros, niego la posibilidad de una vida perfecta, ni para los demás, ni para mí.

Quiero entender que aficionados al drama y a la crítica enfrentan un terrible drama en sus propias vidas, y por ello necesitan dosis altas de fatalidad en sus conversaciones y en las obras que consumen. Si admitir la existencia del drama exterior funciona como analgésico contra el drama cotidiano y éste es tan elevado, sí parece ser la única forma de que la droga surta efecto.

Sin embargo, creo que el dramatismo utilizado como droga tiene sus riesgos. Tal vez un adicto al drama, que disfruta leyendo y viendo programas sobre desgracias, y que expresa críticas y comentarios dramáticos por doquier, aun sin tener conflicto o causa de sufrimiento en su vida, acabe atrayendo circunstancias desfavorables que le coloquen a la altura de sus tan entrenados niveles de tolerancia.

Playa de Benijo, Tenerife.

De la misma manera, quien atraviese una mala racha, si en sus ratos de ocio y conversaciones evita regodearse en los temas trágicos propios y ajenos, tal vez se quite de esa fatalidad, y poco a poco, por negación, acabe sacando el exceso de sufrimiento de su vida.

Mi vida dista de ser perfecta y hay quien pueda calificarme de fracasada a muchos niveles. Asumo que mis defectos personales y las características de mis circunstancias que otros juzguen fatales puedan funcionar como bálsamo en lenguas ajenas. Solo me preocupa, sobre todo si se trata de gente cercana, que cuánto más aludan a mis desventajas, más clara será la señal se sus propios malestares latentes.

No debe importarnos ser objeto de críticas o compasión, porque además de ser un acto natural, reflejo del sufrimiento humano general y de la necesidad de análisis de nuestras cabecitas racionales, también es muestra del propio sufrimiento que alberga quien promueve este tipo de comentarios con regocijo, de modo que, bien mirado, recibir críticas nos da una información útil para poder ayudar a los demás a superar su propio drama siendo modelo de superación de eso que nos achacan.

Me ofrezco como blanco contra el que otros puedan arrojar, en forma de críticas a mi persona, los dardos de su propio malestar. De todas formas, mi mayor motivación es la de ofrecer mi experiencia como referencia, y mostrar cómo alguien con tantos defectos se atreve con tantos retos. Si es posible para mí superar alguno de ellos, más aún lo será para todos aquellos que ven tan obvias mis desventajas.

Al final resulta que todo funciona por comparación, no podemos extraer nuestra experiencia del contexto en que vivimos y los demás seres que nos rodean. Siendo así, prefiero establecer otro criterio de comparativa: fijarme en esas personas que hacen gala de buenas maneras y aprender de su forma de superar la adversidad. Disfruto y promuevo lo admirable de quienes me rodean. Aplaudo sus logros. Si damos la vuelta a la situación, ése puede ser nuestro mayor consuelo, ya que el éxito ajeno es prueba de que yo también puedo triunfar.

Revelador odio a los ricos

Quienes manifiestan un odio incuestionable hacia las personas adineradas, acusándolas por el simple hecho de tener dinero, sin ahondar en los medios y circunstancias que les han proporcionado esos bienes, son tan explícitos con su odio como clara es la manifestación de su envidia.

Son precisamente esas personas cargadas de prejuicios las que me crean más desconfianza, pues si tanta es la importancia que atribuyen a las posesiones, tal vez sean ellos mismos quienes no desaprovecharían una vil oportunidad para enriquecerse si se les brindara.

Pensar que toda persona lleva dentro el instinto de corrupción que le brinda una posición aventajada, es simplemente reconocer la semilla de esa predisposición en uno mismo.

El dinero no me crea ninguna fascinación, no es algo en lo que piense. Pienso, eso sí, en todo lo que quiero hacer de forma productiva, en todas las creaciones y aportaciones con las que quiero contribuir a la sociedad. Y, resultado de ese deseo, puedo llegar a pensar en cómo gozar de los beneficios que me generarán esas acciones. El dinero que pasa por en medio de este círculo de producción y consumo es solo una herramienta consensuada de nuestra sociedad que nos sirve para tasar esos movimientos de flujo, de entradas y salidas, de medios personales.

Monte Heng (Provincia de Shanxi, China)

¿Por qué iba yo a juzgar a la gente en base a su capital, observando en todo momento la presencia o ausencia de dinero a su alrededor? A mí no me importa el estado económico de los demás. Si alguien tiene o no dinero, ello no va a condicionar mi acercamiento a esa persona, ni va a llevarme a calificarla de mejor o peor. El estado financiero de los demás no tiene nada que ver con el mío propio.

Si tengo pruebas de peso sobre actos delictivos o que pongan el peligro el interés común, puedo denunciarlo, pero no es mi responsabilidad solucionar las desviaciones de cada uno; y desde luego no es mi voluntad hacerme mala sangre con pensamientos infundados y completamente parciales. Si otros cometen actos ilegales o ruines para proporcionarse dinero, ello es solo cuestión de la conciencia de cada uno y de los organismos judiciales.

Lazos rojos de los deseos en la Montaña de Tianmen, Zhangjiajie, China.

El dinero no hace a las personas malvadas. Las conductas malsanas están presentes en gente con y sin dinero. Una persona que se conduce avariciosa y egoístamente, teniendo dinero va a tener más ocasiones de alimentar esa podredumbre interna. No es que el dinero le pudra, es que la persona ya estaba infectada. De la misma manera, los medios materiales contribuyen a expandir la influencia positiva de las personas honorables e íntegras.

Decir que los ricos son malos es tanto como decir que uno mismo no sabría hacerse cargo de esa riqueza. Y si nadie en absoluto fuera capaz de hacerse cargo de la riqueza, estamos negando toda capacidad de responsabilidad, progreso y amor en el ser humano. La riqueza, precisamente, es la consecuencia de nuestro trabajo, de nuestra evolución, y si con ella somos felices y capaces de administrarla de forma constructiva, es además símbolo de nuestra trascendencia como seres inteligentes.

Menos mal que existe el Yin y el Yang

Este concepto filosófico tradicional de China es muchas veces observado como algo místico, pero no es para nada tan abstracto. Cualquiera puede referirse a él muy convenientemente cuando la realidad nos demuestra que nada es absoluto, y aludimos al “El Yin y el Yang” como si de algo obvio e irrefutable se tratara.

Según el taoísmo, el Yin representa la oscuridad, el frío, la tierra, lo femenino; y el Yang todo lo contrario, es la luz, el calor, el cielo, lo masculino. Esta dualidad se presenta en todas las cosas, abstractas o materiales. Ya que nada es totalmente Yin o Yang, si no una combinación de ambos, todo se encuentra en constante transformación, con las dos fuerzas reclamando su presencia en mayor o menor proporción. De ahí el aspecto ondulante y entremezclado del famoso símbolo.

Si tal es la evidencia de este principio en todos los fenómenos que nos rodean, entonces se me ocurre que podría abrazar este concepto como si de una religión se tratara, ya que pensar en ello me produce un consuelo inmediato. Si puedo entender que el mundo no es ni blanco ni negro, aceptaré el hecho de que en esa marea inevitable de grises tengo la ocasión, o el deber, de navegar como buenamente pueda, dando tumbos del lado iluminado al oscuro.

Embalse de Salime, Principado de Asturias

Uno de los grandes pesares de las personas son sus ambiciones incumplidas. A menudo se nos oye quejarnos de lo que no tenemos, y ello podría parecer ridículo si nos parásemos a mirar y agradecer lo que tenemos.

Pero el principio del Yin y el Yang no solo aplica a situaciones, aplica a todo, hasta a la más pequeña partícula. También a personas, y es la más clara prueba de que nadie es perfecto. Creo haber podido observar que todo el mundo tiene grandes cualidades y defectos. Luego está en los gustos de cada uno el juzgar qué cualidades valora más sobre qué defectos, y encontrar así afinidades con las personas que les rodean, y clasificarlas como más o menos apropiadas según una percepción personal. De ahí el hecho de que nos gusten unas personas más que otras, y de que no haya nada malo en ello.

Puedo aplicar este principio a cualquier persona de mi entorno, familia, compañeros de trabajo, vecinos… Pero voy a tomar como ejemplo a mis amigas, las que después de los años he elegido como mis personas predilectas, por las que me intereso, de las que aprendo y a las que quiero, y a pesar de todo puedo ver estas dos facetas, la buena y la mala, en todas ellas. Cada una de mis amigas tiene una parte maravillosa por la que siento profunda admiración, pero cada cual, y de forma totalmente diferente, tiene cosas que lamento. Pero ¿quién soy yo para juzgar que eso que no me gusta sea malo?

Una puede ser distraída y olvidadiza, a veces me parece exasperante, tengo la impresión de que no puedo compartir gran cantidad de cosas con ella porque procede a un formateo constante de su disco duro, y sin embargo eso la convierte en una persona totalmente despreocupada, sencilla y un gran modelo de perdón, pues es incapaz de recordar las ofensas. O si otra es desconfiada y me preocupa con confabulaciones que percibe constantemente, también he de agradecer a su desbordante imaginación la originalidad y diversión de los escenarios que diseña para cualquier ocasión, igualmente cuando de chistes se trata. Otra puede parecer muy seria, pero sé que puedo confiar totalmente en ella. U otra puede resultarme caprichosa y egoísta, pero cuando le doy la mano para acompañarla a su mundo, no hay experiencia más exultante. Y esta es solo una enumeración rápida para ilustrar la teoría del Yin y el Yang, evidentemente la lista de cualidades de cada una de mis amigas se extendería hasta el infinito, y podría enumerar para cada una alguna particularidad más de las que me hacen llevar los ojos al cielo… Aunque posiblemente no tantas veces como yo se los hago llevar a ellas y a pesar de todo me aceptan a su lado.

Y porque es una ley natural, el Yin y el Yang de las personas que se traduce en sentimientos de amor y odio hacia ellas, es inevitable, y una vez se entiende su necesidad, es incluso algo que debería ser digno de agradecimiento, porque a nadie nos gustaría estar al lado de personas planas, perfectas e inhumanas; igual que no nos gustaría vivir en un mundo fácil, sin retos, sin caídas de las que reponernos, ni premios que festejar, pues sería un mundo aburrido y estático, sin posibilidad de evolución.

Me propongo tomar el Yin y el Yang como una religión que me haga aceptar que mis circunstancias sean difíciles, sin olvidarme de agradecer que tengo una vida totalmente aventajada; y que me haga comprender que mis seres queridos son perfectos para mí, con su parte Yin y su parte Yang, porque son los seres que más me llenan y me hacen entender y disfrutar el mundo en el que vivo.