La soledad del emprendedor

El emprendimiento es un estado progresivo. Cuando una persona se define como emprendedora, se entiende que está en ese punto de emergencia en que su negocio aún no es sólido. Hoy en día emprender es una práctica extendida; cualquiera, a cualquier edad, puede tener ideas emprendedoras y ponerlas en marcha con finalidad empresarial. Sin embargo, sigue siendo un acto de excepción en la vida de una persona, que exige riesgo, valentía y mucha actitud mental. Normal que estén tan de moda los cursos y plataformas que dan apoyo a las personas en esta situación.

Aunque en internet es fácil encontrar materiales y comunidades para emprendedores, lo cierto es que, en el ámbito más íntimo, los que empezamos un negocio podemos sentirnos bastante desconectados del entorno. El estado mental en el que te ves imbuida de pronto es ajeno a todo lo que conocías, y aunque intentes compartirlo con tus seres queridos, es difícil que comprendan las inseguridades típicas del proceso. A mí esto me lleva a un temor general que me impide hablar sobre mí, sobre mis proyectos, y finalmente, a querer simplemente salir y relacionarme.

Aeropuerto de Kuusamo, Finlandia

Mis amigas, aunque en situaciones diferentes, han hecho gala de su enorme comprensión y amor, incluso acerca de mi necesidad de encerrarme. Cito a una de ellas: “Hay una frase que no sé dónde escuché, que dice que a la gente de siempre (amigos de toda la vida, familia, etc), se les quiere, pero que te rodees de tus iguales, de los que van a por lo mismo que tú. Y con eso nos incluyo a nosotras si no somos apoyo suficiente”. No es una despedida ni un girarnos la espalda por ninguna de las dos partes, es una magnífica muestra de presencia y aliento. Las personas están en nuestras vidas para aportarnos cosas diferentes. Una sola persona no puede complementarme en todos los sentidos, porque somos seres multidimensionales, pero sí puede aportarme animándome a buscar, aunque sea lejos de ella.

Y quien dice una persona, dice un Estado. A menudo también es necesario alejarte de tu país para aprender. Desde las orillas del Mediterráneo he sido enviada a aprender de los países nórdicos. He tenido la enorme suerte de ser elegida para formar parte del programa “Emprendedoras para el cambio”, organizado por la EOI, en el que las beneficiarias recibimos formación y mentorías personalizadas que nos ayudarán a lanzar nuestros proyectos. El programa, aunque es online, incluía una primera toma de contacto, intensa y presencial, por medio de un inspirador viaje a Finlandia.

Universidad de Ciencias Aplicadas de Oulu, Finlandia

Aprender de una sociedad tan avanzada, con un modelo educativo que impulsa las competencias y el emprendimiento de los ciudadanos, ha sido totalmente revelador.

Hemos viajado desde España 24 mujeres con propuestas empresariales de lo más variopintas y todas interesantísimas. En Finlandia hemos nos hemos unido a otras 24 mujeres de allí, empresarias con recorrido, que nos han servido de modelo. Por medio de visitas a centros de impulso del emprendimiento como universidades y empresas, y talleres participativos, así como la convivencia y actividades de inmersión, hemos descubierto que todas somos iguales, tanto las novatas como las expertas, e independientemente del lugar en que hayamos nacido. Todas tenemos sueños, miedos, contratiempos, tácticas de superación, valores comunes y una misión que nos guía.

Rukan Salonki Chalets, Laponia, Finlandia

Ahora esos entes inmateriales, emprendedoras del mundo, que yo antes intuía porque se paseaban por las redes, tienen rostro y voz, son caras amigas y compartir con ellas mi proceso me hace sentir agradecida. Ya me he convencido de que no estoy sola, y aunque vuelva a la soledad de mi cueva, a seguir trabajando en mi proyecto, esta experiencia me ha llenado de la energía humana que necesitaba para entenderme quien soy yo en este viaje interior que es montar una empresa.

Sobre la autenticidad del personaje público – V Parte: El “Seguidor” estratégico. Prácticas deshonestas con el “Follow” en Instagram

Es evidente la obsesión de ciertos personajes por tener un número elevado de “seguidores”, ya que la popularidad en las redes es indicador de influencia y repercute directamente en posibilidades de promoción y venta de productos.

Construir una comunidad virtual desde cero es lento para profesionales con una vocación real y un trabajo dedicado; y muy difícil para personas impacientes, o incluso que no tienen nada destacable que ofrecer. Aun así, no es imposible conseguir miles de seguidores para nadie. Además, aquellos que tienen la ambición de ser «influencers», quieren tener muchos seguidores y mostrar que ellos no necesitan seguir a nadie. Hay muchas trampas que permiten alcanzar este objetivo.

Las prácticas deshonestas desvirtúan la calidad del indicativo “número de seguidores”, ya que no son seguidores reales, sino fruto de estrategias que el «seguido» aplica para inflar el número de «seguidores». Éstas son algunas:

1. Compra de seguidores: Hay empresas que crean “bots” que permiten una gestión automatizada de las redes. El servicio también incluye la venta de lotes de seguidores que no son perfiles reales, pero que aumentan visiblemente el número de los seguidores del comprador, y como ya comenté en otro post, un número alto de seguidores atrae a nuevos seguidores.

2. El seguidor fulminante: sigue perfiles de forma masiva, sin ni siquiera visitar sus cuentas, con la única intención de encontrar personas bienintencionadas que le sigan de vuelta. Al poco tiempo los elimina de su lista de “seguidos” para quedar él o ella como único «seguido».

Veo casos a diario, pero las trazas desaparecen. Sin embargo puedo mostrar un ejemplo porque el “seguidor fulminante” inició una conversación conmigo. Lolo no solo me siguió sin mirar mi perfil, sino que cuando le seguí de vuelta me contactó muy gallardo para preguntarme qué me gustaba de su perfil. No es que me gustase especialmente, solo había fotos de alguien muy sonriente y le seguí de vuelta por agradecimiento. Esto fue hace unos meses. Entonces él tenía pocos cientos de seguidores. Hoy tiene 4,5K y creciendo. Yo le seguí durante meses sin ser consciente de que me había dejado de seguir al día siguiente de contactarme. Dejo aquí la conversación porque ilustra perfectamente el fenómeno:

3. Grupos de “Sígueme y te sigo”: Hay grupos en Facebook en los que los miembros prometen seguir a quien les siga. Un porcentaje mínimo cumple la promesa. Los hay que llegan incluso a borrar los intercambios escritos para no dejar pruebas de su compromiso no cumplido.

El mundo de las redes sociales puede parecer un mundo cruel, lleno de tiburones desvividos por el éxito. No hay que perder la fe, ni desistir del sistema, ni sumarse a estas prácticas para sobrevivir. Los que hacen un uso desleal son una parte. En cualquier práctica tiene que haber de todo, gente honrada y con talento; y otros que no saben cómo hacerlo. Lo dice cualquier manual de buenas prácticas: lo importante es la calidad, no la cantidad. Quieres seguidores que te lean, que interactúen, que contraten tus servicios… Con trabajo y dedicación, llegarán. Los vendedores de humo acaban disipándose. Ya lo dijo Sófocles:

 “Solamente es duradero lo que con virtud se consigue”.

Sobre la autenticidad del personaje público – IV Parte: Cómo vender un proyecto sin ser popular

Si eres de los que piensa: “Tengo la idea del siglo, pero odio las redes sociales”, ya puedes ir cambiando de idea: o te unes a las redes, o entierra esa gran propuesta. No va a aparecérsete ningún hada madrina para descubrir tu talento. Hasta las hadas madrinas creerán antes en aquel que se venda mejor.

Para la mayor parte de los profesionales es imprescindible la presencia e interacción en las redes sociales. Te gusten o no, ya no es posible mantenerse al margen, no si tu vocación es más fuerte que tu rechazo a este sistema. Hay miles de emprendedores y profesionales liberales ofreciendo sus servicios y lanzando propuestas novedosas. Las redes sociales son una herramienta excelente para darse difusión, y lo que es más importante, servirán de filtro a ese alud de ofertas.

People’s Square, Shanghái

¿Crees que tienes una idea de negocio, una obra o un mensaje valioso? Que lo digan tus seguidores en las redes sociales. Evidentemente, no hay un consejo de sabios examinando cada propuesta. Los usuarios necesitamos filtrar y para ello nos fijamos en la reacción de otros usuarios.

Los consumidores somos muy influenciables. Atendemos a aquellos que ya han influido en muchos otros. La predisposición que tenemos hacia algo (fundamentalmente hacia la persona que hay detrás) tendrá gran repercusión en nuestro veredicto.

Primer filtro: ¿quién es el autor o autora? En función de eso examina o no su propuesta.

¿Cómo se evalúa al responsable de una idea?

El currículum vitae – ¡vaya latinajo! – es un concepto del pasado. Si tienes un bien que ofrecer al mercado, hoy importa más tu presencia en internet, tu página web, la regularidad de tus interacciones en las redes sociales, el número de tus contactos y, sobre todo, de tus seguidores. Todo esto determinará tu radio de influencia. Esto es lo primero que posibles compradores o empleadores van a mirar para determinar la viabilidad de tu oferta. El resultado de tu trabajo en sí es secundario. Puedes ofertar algo de máxima calidad y nunca encontrar difusión, o, al contrario, ofrecer un producto pésimo y recibir grandes retribuciones. Aquí puedes ver ejemplos de grandes artistas desconocidos.

Anyuan Road, Shanghái

Pero si nadie me conoce, si mi presencia mediática es nula y no tengo influencia ni en mi propia casa, ¿qué oportunidad tengo de promover mi gran obra? Ninguna.

La recomendación que dan los expertos es: PRIMERO créate una comunidad de seguidores, “conviértete en una autoridad”, y, llegados a ese punto, podrás presentar tu proyecto y obtener retribuciones por él.

¿Y cómo darse visibilidad para atraer a esos seguidores? Ofreciendo gratis tu talento. Y aún así, como tu alcance es tan limitado, llegarás a 4 gatos, y el 90% no te hará ni caso, porque está demasiado ocupado atendiendo a los que ya son autoridades. Es la pescadilla que se muerde la cola: necesito tener una propuesta para ganarme a la audiencia, pero sin una audiencia predispuesta, mi propuesta cae en saco roto. Y sin seguidores, aquellos que tienen la posibilidad de ayudarme no van a invertir en mí.

Ejemplo: Hay un youtuber británico, Robbie Knox, que llevaba más de un año publicando vídeos para unos cuantos cientos de seguidores. Hace tres semanas, un youtuber de éxito, Jaakmaate, con más de un millón de seguidores, lo recomendó en un vídeo. Gracias a ello, en tres semanas Robbie ha sumado 57.000 seguidores a su canal de youtube. Sus vídeos son los mismos, pero antes de que la estrella mediática le recomendase, no sabíamos que Robbie Knox existía. Él tuvo suerte de contar con el apoyo de Jaackmaate.

Sin nadie que te ayude a darte visibilidad, se recomienda:

  • Mucha paciencia
  • Inversión de medios (tiempo, trabajo gratuito, originalidad…)
  • Constancia
  • Participación activa en diferentes comunidades
  • Una buena oferta de contenidos

Con todo ello puedes tardar entre uno y varios años en alcanzar una presencia que te avale como alguien digno de ser atendido.

Hay atajos, se venden muchos libros y cursos para ser más eficaz en el proceso. Yo, desde que me he interesado por el fenómeno al verme afectada, he podido observar que también hay muchas trampas.

En mis dos próximos artículos os enseñaré – incluso con pruebas – algunas acciones desleales que he observado en este afán por ganar visibilidad en las redes.

Sobre la autenticidad del personaje público – III Parte: No promocionarse en las redes es una retirada voluntaria

Seguro que conoces a personas con grandes talentos desaprovechados. Tienen el potencial, la disciplina, incluso trabajos acabados que cuelgan en Internet, pero son grandes desconocidos, porque no basta con ser bueno. A veces ni siquiera necesitas ser bueno. ¿Qué les falta? La campaña de marketing.

No es culpa del público que grandes talentos se pierdan, el público es pasivo. Consume lo que el mercado le pone en las narices. Si alguien tiene una vocación es su responsabilidad promoverla, con persistencia y confianza, o bien decidir esconderla. El problema es justamente ése, la falta de confianza y esa voz interna que nos dice: “todo va a ser una pérdida de tiempo”. Entonces surgen las excusas, entre las cuales reluce la de querer ser realista. ¡Pero es una realidad que gente con menos talento que ellos triunfa cada día!

Camino Vasco del Interior

Vocaciones enterradas:

Todos conocemos personas con hobbies cuyos sorprendentes frutos nos impulsan a decirles: “Tienes que dedicarte a esto”. Son compañeros del trabajo, de deporte, de estudios, vecinos… que hacen obras que yo consumo con más placer que la de muchos famosos. Y no porque sean mis amigos. Voy a dar ejemplos musicales:

  • Limboy Barefoot compone e interpreta unos temazos que a mí me ponen los pelos de punta. Tiene una cuenta en Bandcamp. Le empecé a seguir hace varios años, estaba sola. Veo que ya somos dos suscriptores. No he visto anunciada ninguna gira del maestro. La humanidad sigue privada de su talento.
  • David es otro artista con disfraz de oficinista. Toca en varios grupos, y compone sus propios temas que comparte en su canal de Soundcloud. Con total honestidad digo que prefiero escuchar a este David antes que a David Guetta. Pero mi David tiene 50 seguidores, y el famoso 20.900.000.
  • Podría citar muchos más, Sam, Éclatant

Profesionales en la sombra:

A veces, por casualidad, descubres a un profesional que te deja pasmado con su trabajo, pero a pesar de ello no tienen ni de lejos el reconocimiento que merecen. Podría dar ejemplos de formadores, diseñadores, deportistas, cineastas, artistas plásticos, músicos, consultores… que me maravillan y al investigarlos en Internet he hallado escasísimas referencias. Su falta de presencia digital, desgraciadamente, limita su proyección profesional y que los consumidores podamos beneficiarnos de su talento.

Por volver a los ejemplos musicales, comentaré que cuando descubrí The Lákazans, busqué la ocasión de verlos tocar en directo, pero no encontré nada, solo un canal con menos de 300 seguidores donde mi comentario quedó sin respuesta.

En mi siguiente artículo hablaré de un requisito que se ha vuelto indispensable por esta masificación de oferta: la necesidad de tener popularidad antes de tener algo que ofrecer.

Sobre la autenticidad del personaje público – II parte: Todos necesitamos creer en algo

Convencionalmente la credibilidad se asociaba al prestigio del informante, digamos, a sus credenciales; pero gracias al fenómeno de las redes sociales, ahora se asocia cada vez más a la presencia de esa persona en plataformas virtuales, y por supuesto, a su número de fans, a la amplitud del alcance de su mensaje.

La credibilidad de un personaje público se mide en el nivel de confianza que genera entre las masas. Se entiende que sus seguidores, gracias a las redes sociales declarados explícitamente como tales, se interesan por sus manifestaciones porque las apoyan, las consideran de provecho o como mínimo, de peso en el contexto general. Es decir, que confían en la importancia de lo que ese personaje transmite. Por eso le siguen.

Ningbo, China

Muchas veces, el número de seguidores sirve a los “no seguidores” como referencia de que ahí hay algo importante, por lo que también se adhieren a seguir a ese personaje. Es decir, más seguidores implica más credibilidad. Es un crecimiento exponencial que tiene que ver con un comportamiento general: el impulso de seguir lo que es popular, más que con lo que esa persona realmente expresa.

El sistema de popularidad en redes es un sistema que tiene muchos puntos oscuros, seguramente muy criticables, empezando por decir que es todo un juego de luz y color. A veces pueden ensalzarse figuras que son espejismos, no tienen ningún talento destacable, pero eso es porque no consideramos destacable su habilidad de hacerse visibles y su carisma para enganchar con los intereses de la gente, por banales que sean. Lo que hace de este circo un sistema injusto es que muchas personas portentosas, con talentos más convencionales: conocimientos en áreas específicas, creatividad, habilidades pedagógicas o destrezas físicas, personas que podrían aportar grandes valores a la sociedad, privan al mundo de su talento por no entrar en el juego de la popularidad, imprescindible para tener credibilidad. No quieren, no saben o no pueden. Es una pena, pero es lo que hay, porque casi nadie, ni industrias ni usuarios, queremos perder tiempo explorando las propuestas de personas desconocidas.

Habrá muchos ídolos de internet que sí sustenten su popularidad en talentos excepcionales, pero al convertirse en ídolo, a la gente le interesa el personaje que hay detrás de ese talento, quiere saber más sobre su vida y ahí se construye la ilusión, una vida de ensueño, o de sombras. Presunciones, idealizaciones, acusaciones… Imposible frenar el tren de la imaginación de millones de personas que se sienten con derecho a opinar sobre sus vidas, porque por eso son patrimonio de la humanidad.

Nanjing, China

Al final, la popularidad es prácticamente incompatible con la autenticidad. Incluso quien pretenda ser muy auténtico diferenciándose de los demás corre el riesgo de convertirse en un imitador del raro personaje que se ha creado. La presión de la mirada ajena es una jaula. Los personajes públicos están atrapados en la red de las apariencias. En el mar lleno de peces que es la gente común, las redes sociales extraen a los pescados más grandes para sacarlos al mercado, y el mercado dice que esos son los que valen.

Sobre la autenticidad del personaje público – I Parte: Ser una autoridad

Actualmente TODO ha de pasar por el escaparate de las redes sociales, sino no existe. Un profesional tampoco lo es sin el aval de su popularidad en las redes. Es lo que se ha puesto de moda denominar como: “ser una autoridad”.

Para ser una autoridad en tu vertiente profesional, significa que debes tener visibilidad pública y aclamo de las masas. En las redes sociales esto es fácilmente medible: ¿cuántas personas te leen, cuántos seguidores, cuántos “megusta”, cuántas veces compartidas tus publicaciones?

Casa de Campo,Madrid

No basta con ser bueno en tu trabajo, no basta con producir. Ese trabajo, es decir, el resultado de lo que haces, es secundario. Lo más importante es la marca personal que lo acredite. Los clientes pueden sentirse atraídos por los servicios que ofertas, pero se sentirán mucho más atraídos por la gran personalidad ejecutora de tales servicios o productos. A las masas les gusta escuchar lo que tiene que decir una gran figura: empresarial, estética, técnica, especialista, deportista, artista, provocadora, millonaria… Merece atención cualquier perfil que se destaque de entre todos los bustos sin rasgos, siluetas monocromas, carentes de imagen de perfil, que representamos los millones de personas comunes, es decir, los que no tenemos miles de seguidores en las redes sociales.

Ese afán por diferenciarse y, sobre todo, por alzarse por encima del resto de usuarios comunes, lleva cada vez a más personas a vivir dedicadas a crear una vida virtual que pueda resultar atractiva para los consumidores. Es necesario invertir mucho tiempo para triunfar en este empeño. Aquellos quienes tienen recursos contratan a un equipo que se ocupe de esta exigente tarea. Para otros es una pasión dedicarse personalmente, da sentido a su existencia física, es decir, a la que está fuera de las redes. Se pasan el día ideando estrategias para ampliar su estudiado número de seguidores, que miran fluctuar a lo largo de los días, como si de un angustiado inversor en bolsa se tratara, todo el tiempo pendiente el valor de sus acciones.

Se entiende esta dedicación cuando, como he comenzado diciendo, ser una autoridad se ha convertido en un requisito necesario para ganar credibilidad como profesional en tu campo. Además, están aquellos “profesionales de la popularidad” que no tienen por qué tener un campo de desarrollo profesional concreto, sus esfuerzos van destinados simplemente a ser una autoridad en ser una autoridad. Es decir, en tener a miles de personas pendientes de cómo respiran. Son los denominados “influencers”. Pueden ser generadores de opinión y pautas de consumo en áreas concretas, pero su afán de ser famosos no es el de promocionar sus servicios o productos, sino los de otros por medio de su conquistada autoridad.

Y así dejo explicado brevemente qué es ser una autoridad en el mundo digital hoy en día. En siguientes capítulos, más revelaciones sobre lo que ser una autoridad implica. Y no, yo no soy una autoridad en la materia, pero es que ser una autoridad es una ilusión óptica, por lo que, si yo fuese una autoridad, tal vez no quisiera publicar estas reflexiones.

Continuará…

Cimientos intangibles para un negocio bien estructurado

El capital fundacional que ha de reunir el emprendedor que abre su propio negocio es, antes que nada, su propio trabajo.

La inversión para arrancar un negocio muchas veces no es material o financiera.

La inversión para arrancar es a menudo formación, experiencia, o un porfolio que exhiba el catálogo de productos que ofreces. Esto no se compra, consiste en ejercer el trabajo mismo que será el motor y fuente de ingresos de tu negocio, pero sin cobrar y por un tiempo indeterminado. Es el equivalente a «estar en prácticas» de los trabajos tradicionales.

Emei shan, Chengdu, China

Esto supone que, durante meses, incluso años, dediques todo tu empeño, energía, tiempo y concentración a construirte esta base. Das el máximo de ti, estás a tope, casi día y noche. Al no tener ingresos, es una situación que quieres acortar, esperando sacar pronto a la luz los frutos de esta etapa, y por fin organizar tu empresa en base a horarios laborales normales. En jerga de autónomos esto significa: seguir trabajando casi constantemente.

Muchas personas, acostumbradas al concepto tradicional de empleo, según el cual el trabajo es una penalidad evitable en la medida de lo posible, no están dispuestas a atravesar tan sacrificada, incierta y a veces larga puesta en marcha del emprendimiento profesional.

Además, hay muchos prejuicios sociales contra los que remar, como si tus propias dudas de emprendedor no fueran suficientes.

  • Algunos creerán que, si no estás cobrando, no estás trabajando, luego estás de vacaciones.
  • Otros juzgarán que, si no percibes dinero externo, es que no lo necesitas porque vives de las rentas o te mantienen.
  • Los más perezosos dirán que si estás en casa, estás tirada en el sofá. Este prejuicio perjudica sobre todo a los trabajadores por cuenta ajena, y corresponde a una mentalidad muy española que impide que las empresas voten por el teletrabajo en nuestro país.
  • Los escépticos determinarán que, si tardas tanto en sacar a la luz tu proyecto, es porque no sabes lo que quieres hacer.
Luskentyre, Isla de South Harris, Escocia

Esta fase es solo una parte de la aventura de emprender, del camino del héroe que bien conocen todos los valientes y luchadores que apuestan por cumplir sus sueños, y que yo espero, algún día, recordar con añoranza, no por estar cómoda en la prueba, sino porque la energía e ilusión que me invaden en esta etapa son el mejor sueldo que he percibido nunca.

Requisitos para ser emprendedor

Hoy en día está muy de moda la palabra emprendimiento. La asociamos principalmente al mundo de la empresa. Sin embargo, ser empresario no es lo mismo que ser emprendedor. Y ser emprendedor no es lo contrario de ser empleado.

Se han escrito muchísimos artículos sobre las diferencias entre emprendedor y empresario, que se resumen en que el emprendedor es pionero en la explotación de una idea novedosa, mientras que el empresario gestiona una empresa basada en una idea ya existente.

Harbin, China

Hay un matiz del emprendimiento que todavía escapa a mucha gente. Cuando se le pregunta a un grupo de personas cuántas de entre ellas son emprendedoras, se apreciará que un buen número aún no levanta la mano. ¿A caso no estamos todos encaminados hacia un propósito?

El diccionario de la RAE define el verbo emprender como “Acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro”.  Y sigue con la siguiente acepción: “Tomar el camino con resolución de llegar a un punto”.

Monte Emei, Chengdu, China

Un negocio es una posibilidad de emprendimiento, pero emprender se refiere a cualquier acción que nos permita evolucionar como personas o como sociedad. Si el ser humano no fuera de naturaleza emprendedora, aún seguiríamos en las cavernas. Y llegar a donde estamos hoy no ha sido trabajo de unos cuantos, es trabajo constante de cada uno de nosotros.

A mí me esclareció sobre este tema un profesor buenísimo de empresa, Alfonso Basco, que en una de sus clases nos dijo “Uno emprende constantemente: cuando programa sus vacaciones, cuando escribe un libro, cuando desarrolla una actividad de voluntariado… ¿Acaso hay mejor ejemplo de emprendimiento que el de una madre que saca adelante a cinco hijos?”

Luego no es emprendedor únicamente el que se da de alta en el registro mercantil y empieza a facturar por cuenta propia, para forrarse montando la startup del año. Emprendedor es cualquiera que tiene un propósito, y que, encauzando el perezoso flujo de la inercia, toma decisiones que le llevan hacia metas previa y conscientemente definidas.

Básicamente, emprendedor es cualquiera que no esté muerto.

Mis padres son dos adorables jubilados. Emprendedora es mi madre, que tiene un blog de recetas de cocina. Tuvo que adaptarse a este formato, harta de gastar bolígrafos llenando cuadernos para repartir entre los miembros de nuestra numerosa familia. Emprendedor es mi padre que, siempre dispuesto a ayudar al prójimo, se pasa el día de acá para allá, realizando gestiones, visitando a amigos, cumpliendo favores.

Si te preguntan si eres emprendedor y bajas la mano, deberías preocuparte. Estás admitiendo que no tienes iniciativas ni aspiraciones. Te estás diciendo que plantarte y no hacer nada es una opción satisfactoria.  Estás renegando de tu naturaleza, la de un ser diseñado para soñar, superarse y acompañar a los demás en ese mismo camino de progreso.

Si quieres ser artista, basta con crear, y mucho

¿Qué vale más, ser artista por dedicación personal o serlo por aclamación popular? Lo que está claro es que no se puede ser artista de ningún tipo sin tener un catálogo de obras originales, y si alguien tiene un amplio catálogo, es difícil negar que se trate de un artista creador, independientemente de si su trabajo es del gusto general o no.

Cada mañana se da cita en los andenes de metro el mismo desfile de autómatas, catálogo variopinto de caras largas y soñolientas. A pesar de la alta condensación de personas por metro cuadrado, reina un silencio sepulcral. No hay turistas ni grupos chillones, tampoco artistas o mendigos; nada más que los primeros trabajadores, madrugadores y solitarios.

Para evitarme los empujones, a partir de un momento dado decidí empezar mi jornada laboral una hora antes, y con ello adelanté a las 7 de la mañana mi acceso a las entrañas del metro. A esas horas gozaba de espacio para poder sacar mi libro y leer.

De pronto, una mañana, durante el transbordo de Gran Vía, descubrí a un acordeonista sentado en el suelo de los túneles para pasajeros. El sonido de su instrumento fluía por el pasillo hasta el andén ambientando nuestra espera. Por su aspecto deduje que provendría de algún país del Este.

Tengo la superstición, manía o regocijo, de dar una propina a todos los músicos que tocan el acordeón. Es mi instrumento preferido y les estoy muy agradecida por sus melodías ofrecidas al vuelo… Éste, sin embargo, era infame. Tal vez por ello había elegido ir tan temprano, de esta forma no tendría competencia – pues ésta es una estación que siempre tiene sus artistas habituales – y además podría practicar sin riesgo de ser abucheado, ya que el público es pasivo y está adormilado.

Me parecía evidente que estaba aprendiendo a tocar el acordeón, pero me sorprendía que no trataba de sacar piezas conocidas. Siempre tocaba la misma, una composición extraña, propia de una película de terror, con acordes disonantes, escalas inquietantes, rupturas rítmicas, y repeticiones de ensayo. Se podía decir que escucharlo era una auténtica tortura, sumada al desagrado de ir a trabajar y al fantasmal ambiente de esas horas. Sumía los túneles del metro es una atmósfera espeluznante. La irritación de sentir que ese loco me estaba usando como conejillo de indias casi me condujo en varias ocasiones a ir a preguntarle cuál era su propósito. Sabiéndome una persona pacífica, me contuve, aún con cierta esperanza de que otra persona ya lo hubiera hecho. No creo que fuera el caso, porque durante un año, cada mañana sin falta, el acordeonista estaba ahí ejecutando su composición. Y sorprendentemente, pasado un año su torpeza era la misma. Ni la pieza varió ni la interpretación mejoró.

Esto me hacía dudar de que fuera un novato, y acabé por plantearme que la obra fuese así expresamente. Si era un aprendiz y el intento le estaba resultando tan duro, sin duda hubiese intentado tocar otras piezas. Me dije que solo un autor podía estar tan empeñado en tocar siempre su obra, ¿pero podía ser que todo el trabajo de este compositor lo formase una única pieza? ¿Una pieza espeluznante? La figura de este músico estaba rodeada de misterio.

Lo curioso es que, a fuerza de escuchar cada mañana esa sintonía, me acabé acostumbrando. Es lo que debe de pasar con la música comercial, que aunque es una basura, como la meten en todas partes la gente se acostumbra y por eso la tolera, incluso se acaba enganchando. No es que la música del “acordeonista tétrico” – como empecé a llamarle para mis adentros – me gustara, era su efecto el que me empezó a interesar. La asociaba a un momento del día, los viajes de madrugada a la oficina, que siempre hago contenta porque soy la primera en llegar y por eso voy tranquila, inmersa en alguna lectura.

Un día, de pronto, me sorprendió que el acordeonista no estuviera. Desde hacía un año no había faltado ni una jornada a su puesto de trabajo – si es que se le puede llamar así, ya que nunca creí que fuera capaz de recolectar ni un céntimo, y ése era otro misterio para mí, su asiduidad y dedicación nada rentables – .

Me preocupó, porque me di cuenta de hasta qué punto lo apreciaba ahora que me había habituado.  El valor de su insistente práctica me parecía alentador. Su obra ya era para mí un clásico. Era igual de extraña que el primer día, pero ahora me parecía que fuera perfecta así. Me convencí de que estaba diseñada para ambientar ese momento siniestro e inquietante. Y que el ejecutante tuviera tal disciplina para repetirla invariablemente daba a la escena un valor añadido.

Me había enseñado una lección: la calidad de la obra puede parecer mediocre, o por lo menos difícil de calificar por exótica, pero la cantidad de trabajo que se le aplica la enriquece. Es como un artista que hace un cuadro. Por muy bueno que sea no vale nada. Otro que haga 1000, por malos que sean, ya forman parte de una serie, de una dedicación especial, y seguramente se valoren más.

Después de un par de semanas sin aparecer, quise apuntarme estas reflexiones para no olvidar lo que el acordeonista me había enseñado con su ejemplo. Y para mi deleite, ¡al día siguiente ahí estaba otra vez tocando! Había sido la única excepción en mi vida en que no había dado dinero a un acordeonista callejero, a él que se lo merecía más que cualquier otro. Fui después de un año a echarle una moneda y aproveché para grabar su tonada. La funda de acordeón que tenía para las propinas estaba absolutamente vacía. Al día siguiente volví a grabarle desde lejos para mostrar que su pieza era la misma. Cabe señalar que si le hubiera grabado el primer día que se instaló, un año antes, hubiera sonado exactamente igual.

Cosa rarísima, después nunca más volvió. Fue como si me hubiera dado esa lección expresamente. Insistió un año para demostrar la valía de su creación, y el día que la entendí, que le di una moneda y le grabé, desapareció.

La determinación de este afortunado acordeonista me recuerda a McGonagall, el peor poeta de la historia, que no se veía afectado por las críticas, y seguía con devoción desarrollando su vocación literaria. Fue prolífico y difundía pública y gratuitamente su trabajo. A la gente le gustaba porque les hacía gracia, porque trabajaba duro y porque ya le conocían.

Extracto de Wikipedia:«William Topaz McGonagall (marzo de 1825 – 29 de septiembre de 1902) ganó notoriedad siendo un poeta muy malo quien no recibió reconocimiento o preocupación por las opiniones de sus compañeros de trabajo. Escribió alrededor de 200 poemas, son ampliamente considerados como algunos de los peores en la historia británica. Grupos de toda Escocia lo contrataron para hacer recitales de sus obras; las descripciones contemporáneas de estas performances indican que muchos de estos oyentes apreciaban la habilidad de McGonagall como un personaje cómico (…). Las colecciones de sus versos continúan siendo populares, con varios volúmenes disponibles en la actualidad.»