La soledad del emprendedor

El emprendimiento es un estado progresivo. Cuando una persona se define como emprendedora, se entiende que está en ese punto de emergencia en que su negocio aún no es sólido. Hoy en día emprender es una práctica extendida; cualquiera, a cualquier edad, puede tener ideas emprendedoras y ponerlas en marcha con finalidad empresarial. Sin embargo, sigue siendo un acto de excepción en la vida de una persona, que exige riesgo, valentía y mucha actitud mental. Normal que estén tan de moda los cursos y plataformas que dan apoyo a las personas en esta situación.

Aunque en internet es fácil encontrar materiales y comunidades para emprendedores, lo cierto es que, en el ámbito más íntimo, los que empezamos un negocio podemos sentirnos bastante desconectados del entorno. El estado mental en el que te ves imbuida de pronto es ajeno a todo lo que conocías, y aunque intentes compartirlo con tus seres queridos, es difícil que comprendan las inseguridades típicas del proceso. A mí esto me lleva a un temor general que me impide hablar sobre mí, sobre mis proyectos, y finalmente, a querer simplemente salir y relacionarme.

Aeropuerto de Kuusamo, Finlandia

Mis amigas, aunque en situaciones diferentes, han hecho gala de su enorme comprensión y amor, incluso acerca de mi necesidad de encerrarme. Cito a una de ellas: “Hay una frase que no sé dónde escuché, que dice que a la gente de siempre (amigos de toda la vida, familia, etc), se les quiere, pero que te rodees de tus iguales, de los que van a por lo mismo que tú. Y con eso nos incluyo a nosotras si no somos apoyo suficiente”. No es una despedida ni un girarnos la espalda por ninguna de las dos partes, es una magnífica muestra de presencia y aliento. Las personas están en nuestras vidas para aportarnos cosas diferentes. Una sola persona no puede complementarme en todos los sentidos, porque somos seres multidimensionales, pero sí puede aportarme animándome a buscar, aunque sea lejos de ella.

Y quien dice una persona, dice un Estado. A menudo también es necesario alejarte de tu país para aprender. Desde las orillas del Mediterráneo he sido enviada a aprender de los países nórdicos. He tenido la enorme suerte de ser elegida para formar parte del programa “Emprendedoras para el cambio”, organizado por la EOI, en el que las beneficiarias recibimos formación y mentorías personalizadas que nos ayudarán a lanzar nuestros proyectos. El programa, aunque es online, incluía una primera toma de contacto, intensa y presencial, por medio de un inspirador viaje a Finlandia.

Universidad de Ciencias Aplicadas de Oulu, Finlandia

Aprender de una sociedad tan avanzada, con un modelo educativo que impulsa las competencias y el emprendimiento de los ciudadanos, ha sido totalmente revelador.

Hemos viajado desde España 24 mujeres con propuestas empresariales de lo más variopintas y todas interesantísimas. En Finlandia hemos nos hemos unido a otras 24 mujeres de allí, empresarias con recorrido, que nos han servido de modelo. Por medio de visitas a centros de impulso del emprendimiento como universidades y empresas, y talleres participativos, así como la convivencia y actividades de inmersión, hemos descubierto que todas somos iguales, tanto las novatas como las expertas, e independientemente del lugar en que hayamos nacido. Todas tenemos sueños, miedos, contratiempos, tácticas de superación, valores comunes y una misión que nos guía.

Rukan Salonki Chalets, Laponia, Finlandia

Ahora esos entes inmateriales, emprendedoras del mundo, que yo antes intuía porque se paseaban por las redes, tienen rostro y voz, son caras amigas y compartir con ellas mi proceso me hace sentir agradecida. Ya me he convencido de que no estoy sola, y aunque vuelva a la soledad de mi cueva, a seguir trabajando en mi proyecto, esta experiencia me ha llenado de la energía humana que necesitaba para entenderme quien soy yo en este viaje interior que es montar una empresa.

Cómo sacar partido de las mentiras

Las mentiras nos rodean por todas partes: en la historia, en la vida social, en las declaraciones de los personajes públicos y en la boca de nuestros allegados; pero solo hay unas mentiras que importan, las que instalamos en nuestra cabeza.

Hay gente que miente compulsivamente. He observado a algunas de estas personas y lo más sorprendente es que ellas mismas se convencen de que los hechos y diálogos que inventan son reales: “No me han pagado lo que me corresponde”, “Llego tarde porque he estado trabajando”, “No conozco de nada a esta persona”, «Fulanito me ha insultado»…

Grutas de Yungang , Datong, China

Hay ciertos contextos en que hacer trampas (mintiendo) está incluso admitido: entrevistas de trabajo, venta agresiva, ciertos juegos, política…

Hay personas que no paran de engañarse a sí mismas, diciéndose que no pueden, que no valen, que son víctimas; o, al contrario, que son omnipotentes, que han encontrado al príncipe azul o que todo el mundo las quiere.

Hay mentiras ancestrales que llevamos siglos repitiendo inconscientemente como si fuesen axiomas indiscutibles. Expresiones como: “la confianza da asco”, “la verdad duele”, “los hombres no lloran”, “todas las mujeres quieren ser madres”…

La verdad es tan simple como que todo es mentira. Cada uno se la adapta de la mejor manera que puede para garantizarse su propia subsistencia.

Puesto que nada es real, yo prefiero crearme una mentira que al menos no me haga sentir como una mierda para el resto de mis días, ni pensar que la esperanza está completamente perdida.

La vida está llena de dificultades, pues me voy a autoengañar convenciéndome de que me encantan los retos. No siempre salen las cosas como una quiere, así que me voy a repetir que cualquier destreza requiere de entrenamiento. Hay personas que entorpecen nuestro camino, y me digo que es necesario, en la misma proporción en que hay muchas personas que están dispuestas a ayudarnos. Los amigos vienen y se van, por eso me voy a consolar pensando que, si somos seres libres, tenemos derecho a cambiar. Al final uno siempre está solo, y yo creo a pies juntillas que gozar de la soledad es un privilegio, y que, si me enamoro de esa voz interna que me dice cosas bonitas por dentro, nunca estaré realmente sola.

Sobre la autenticidad del personaje público – V Parte: El “Seguidor” estratégico. Prácticas deshonestas con el “Follow” en Instagram

Es evidente la obsesión de ciertos personajes por tener un número elevado de “seguidores”, ya que la popularidad en las redes es indicador de influencia y repercute directamente en posibilidades de promoción y venta de productos.

Construir una comunidad virtual desde cero es lento para profesionales con una vocación real y un trabajo dedicado; y muy difícil para personas impacientes, o incluso que no tienen nada destacable que ofrecer. Aun así, no es imposible conseguir miles de seguidores para nadie. Además, aquellos que tienen la ambición de ser «influencers», quieren tener muchos seguidores y mostrar que ellos no necesitan seguir a nadie. Hay muchas trampas que permiten alcanzar este objetivo.

Las prácticas deshonestas desvirtúan la calidad del indicativo “número de seguidores”, ya que no son seguidores reales, sino fruto de estrategias que el «seguido» aplica para inflar el número de «seguidores». Éstas son algunas:

1. Compra de seguidores: Hay empresas que crean “bots” que permiten una gestión automatizada de las redes. El servicio también incluye la venta de lotes de seguidores que no son perfiles reales, pero que aumentan visiblemente el número de los seguidores del comprador, y como ya comenté en otro post, un número alto de seguidores atrae a nuevos seguidores.

2. El seguidor fulminante: sigue perfiles de forma masiva, sin ni siquiera visitar sus cuentas, con la única intención de encontrar personas bienintencionadas que le sigan de vuelta. Al poco tiempo los elimina de su lista de “seguidos” para quedar él o ella como único «seguido».

Veo casos a diario, pero las trazas desaparecen. Sin embargo puedo mostrar un ejemplo porque el “seguidor fulminante” inició una conversación conmigo. Lolo no solo me siguió sin mirar mi perfil, sino que cuando le seguí de vuelta me contactó muy gallardo para preguntarme qué me gustaba de su perfil. No es que me gustase especialmente, solo había fotos de alguien muy sonriente y le seguí de vuelta por agradecimiento. Esto fue hace unos meses. Entonces él tenía pocos cientos de seguidores. Hoy tiene 4,5K y creciendo. Yo le seguí durante meses sin ser consciente de que me había dejado de seguir al día siguiente de contactarme. Dejo aquí la conversación porque ilustra perfectamente el fenómeno:

3. Grupos de “Sígueme y te sigo”: Hay grupos en Facebook en los que los miembros prometen seguir a quien les siga. Un porcentaje mínimo cumple la promesa. Los hay que llegan incluso a borrar los intercambios escritos para no dejar pruebas de su compromiso no cumplido.

El mundo de las redes sociales puede parecer un mundo cruel, lleno de tiburones desvividos por el éxito. No hay que perder la fe, ni desistir del sistema, ni sumarse a estas prácticas para sobrevivir. Los que hacen un uso desleal son una parte. En cualquier práctica tiene que haber de todo, gente honrada y con talento; y otros que no saben cómo hacerlo. Lo dice cualquier manual de buenas prácticas: lo importante es la calidad, no la cantidad. Quieres seguidores que te lean, que interactúen, que contraten tus servicios… Con trabajo y dedicación, llegarán. Los vendedores de humo acaban disipándose. Ya lo dijo Sófocles:

 “Solamente es duradero lo que con virtud se consigue”.

Sobre la autenticidad del personaje público – IV Parte: Cómo vender un proyecto sin ser popular

Si eres de los que piensa: “Tengo la idea del siglo, pero odio las redes sociales”, ya puedes ir cambiando de idea: o te unes a las redes, o entierra esa gran propuesta. No va a aparecérsete ningún hada madrina para descubrir tu talento. Hasta las hadas madrinas creerán antes en aquel que se venda mejor.

Para la mayor parte de los profesionales es imprescindible la presencia e interacción en las redes sociales. Te gusten o no, ya no es posible mantenerse al margen, no si tu vocación es más fuerte que tu rechazo a este sistema. Hay miles de emprendedores y profesionales liberales ofreciendo sus servicios y lanzando propuestas novedosas. Las redes sociales son una herramienta excelente para darse difusión, y lo que es más importante, servirán de filtro a ese alud de ofertas.

People’s Square, Shanghái

¿Crees que tienes una idea de negocio, una obra o un mensaje valioso? Que lo digan tus seguidores en las redes sociales. Evidentemente, no hay un consejo de sabios examinando cada propuesta. Los usuarios necesitamos filtrar y para ello nos fijamos en la reacción de otros usuarios.

Los consumidores somos muy influenciables. Atendemos a aquellos que ya han influido en muchos otros. La predisposición que tenemos hacia algo (fundamentalmente hacia la persona que hay detrás) tendrá gran repercusión en nuestro veredicto.

Primer filtro: ¿quién es el autor o autora? En función de eso examina o no su propuesta.

¿Cómo se evalúa al responsable de una idea?

El currículum vitae – ¡vaya latinajo! – es un concepto del pasado. Si tienes un bien que ofrecer al mercado, hoy importa más tu presencia en internet, tu página web, la regularidad de tus interacciones en las redes sociales, el número de tus contactos y, sobre todo, de tus seguidores. Todo esto determinará tu radio de influencia. Esto es lo primero que posibles compradores o empleadores van a mirar para determinar la viabilidad de tu oferta. El resultado de tu trabajo en sí es secundario. Puedes ofertar algo de máxima calidad y nunca encontrar difusión, o, al contrario, ofrecer un producto pésimo y recibir grandes retribuciones. Aquí puedes ver ejemplos de grandes artistas desconocidos.

Anyuan Road, Shanghái

Pero si nadie me conoce, si mi presencia mediática es nula y no tengo influencia ni en mi propia casa, ¿qué oportunidad tengo de promover mi gran obra? Ninguna.

La recomendación que dan los expertos es: PRIMERO créate una comunidad de seguidores, “conviértete en una autoridad”, y, llegados a ese punto, podrás presentar tu proyecto y obtener retribuciones por él.

¿Y cómo darse visibilidad para atraer a esos seguidores? Ofreciendo gratis tu talento. Y aún así, como tu alcance es tan limitado, llegarás a 4 gatos, y el 90% no te hará ni caso, porque está demasiado ocupado atendiendo a los que ya son autoridades. Es la pescadilla que se muerde la cola: necesito tener una propuesta para ganarme a la audiencia, pero sin una audiencia predispuesta, mi propuesta cae en saco roto. Y sin seguidores, aquellos que tienen la posibilidad de ayudarme no van a invertir en mí.

Ejemplo: Hay un youtuber británico, Robbie Knox, que llevaba más de un año publicando vídeos para unos cuantos cientos de seguidores. Hace tres semanas, un youtuber de éxito, Jaakmaate, con más de un millón de seguidores, lo recomendó en un vídeo. Gracias a ello, en tres semanas Robbie ha sumado 57.000 seguidores a su canal de youtube. Sus vídeos son los mismos, pero antes de que la estrella mediática le recomendase, no sabíamos que Robbie Knox existía. Él tuvo suerte de contar con el apoyo de Jaackmaate.

Sin nadie que te ayude a darte visibilidad, se recomienda:

  • Mucha paciencia
  • Inversión de medios (tiempo, trabajo gratuito, originalidad…)
  • Constancia
  • Participación activa en diferentes comunidades
  • Una buena oferta de contenidos

Con todo ello puedes tardar entre uno y varios años en alcanzar una presencia que te avale como alguien digno de ser atendido.

Hay atajos, se venden muchos libros y cursos para ser más eficaz en el proceso. Yo, desde que me he interesado por el fenómeno al verme afectada, he podido observar que también hay muchas trampas.

En mis dos próximos artículos os enseñaré – incluso con pruebas – algunas acciones desleales que he observado en este afán por ganar visibilidad en las redes.

Sobre la autenticidad del personaje público – III Parte: No promocionarse en las redes es una retirada voluntaria

Seguro que conoces a personas con grandes talentos desaprovechados. Tienen el potencial, la disciplina, incluso trabajos acabados que cuelgan en Internet, pero son grandes desconocidos, porque no basta con ser bueno. A veces ni siquiera necesitas ser bueno. ¿Qué les falta? La campaña de marketing.

No es culpa del público que grandes talentos se pierdan, el público es pasivo. Consume lo que el mercado le pone en las narices. Si alguien tiene una vocación es su responsabilidad promoverla, con persistencia y confianza, o bien decidir esconderla. El problema es justamente ése, la falta de confianza y esa voz interna que nos dice: “todo va a ser una pérdida de tiempo”. Entonces surgen las excusas, entre las cuales reluce la de querer ser realista. ¡Pero es una realidad que gente con menos talento que ellos triunfa cada día!

Camino Vasco del Interior

Vocaciones enterradas:

Todos conocemos personas con hobbies cuyos sorprendentes frutos nos impulsan a decirles: “Tienes que dedicarte a esto”. Son compañeros del trabajo, de deporte, de estudios, vecinos… que hacen obras que yo consumo con más placer que la de muchos famosos. Y no porque sean mis amigos. Voy a dar ejemplos musicales:

  • Limboy Barefoot compone e interpreta unos temazos que a mí me ponen los pelos de punta. Tiene una cuenta en Bandcamp. Le empecé a seguir hace varios años, estaba sola. Veo que ya somos dos suscriptores. No he visto anunciada ninguna gira del maestro. La humanidad sigue privada de su talento.
  • David es otro artista con disfraz de oficinista. Toca en varios grupos, y compone sus propios temas que comparte en su canal de Soundcloud. Con total honestidad digo que prefiero escuchar a este David antes que a David Guetta. Pero mi David tiene 50 seguidores, y el famoso 20.900.000.
  • Podría citar muchos más, Sam, Éclatant

Profesionales en la sombra:

A veces, por casualidad, descubres a un profesional que te deja pasmado con su trabajo, pero a pesar de ello no tienen ni de lejos el reconocimiento que merecen. Podría dar ejemplos de formadores, diseñadores, deportistas, cineastas, artistas plásticos, músicos, consultores… que me maravillan y al investigarlos en Internet he hallado escasísimas referencias. Su falta de presencia digital, desgraciadamente, limita su proyección profesional y que los consumidores podamos beneficiarnos de su talento.

Por volver a los ejemplos musicales, comentaré que cuando descubrí The Lákazans, busqué la ocasión de verlos tocar en directo, pero no encontré nada, solo un canal con menos de 300 seguidores donde mi comentario quedó sin respuesta.

En mi siguiente artículo hablaré de un requisito que se ha vuelto indispensable por esta masificación de oferta: la necesidad de tener popularidad antes de tener algo que ofrecer.

Sobre la autenticidad del personaje público – II parte: Todos necesitamos creer en algo

Convencionalmente la credibilidad se asociaba al prestigio del informante, digamos, a sus credenciales; pero gracias al fenómeno de las redes sociales, ahora se asocia cada vez más a la presencia de esa persona en plataformas virtuales, y por supuesto, a su número de fans, a la amplitud del alcance de su mensaje.

La credibilidad de un personaje público se mide en el nivel de confianza que genera entre las masas. Se entiende que sus seguidores, gracias a las redes sociales declarados explícitamente como tales, se interesan por sus manifestaciones porque las apoyan, las consideran de provecho o como mínimo, de peso en el contexto general. Es decir, que confían en la importancia de lo que ese personaje transmite. Por eso le siguen.

Ningbo, China

Muchas veces, el número de seguidores sirve a los “no seguidores” como referencia de que ahí hay algo importante, por lo que también se adhieren a seguir a ese personaje. Es decir, más seguidores implica más credibilidad. Es un crecimiento exponencial que tiene que ver con un comportamiento general: el impulso de seguir lo que es popular, más que con lo que esa persona realmente expresa.

El sistema de popularidad en redes es un sistema que tiene muchos puntos oscuros, seguramente muy criticables, empezando por decir que es todo un juego de luz y color. A veces pueden ensalzarse figuras que son espejismos, no tienen ningún talento destacable, pero eso es porque no consideramos destacable su habilidad de hacerse visibles y su carisma para enganchar con los intereses de la gente, por banales que sean. Lo que hace de este circo un sistema injusto es que muchas personas portentosas, con talentos más convencionales: conocimientos en áreas específicas, creatividad, habilidades pedagógicas o destrezas físicas, personas que podrían aportar grandes valores a la sociedad, privan al mundo de su talento por no entrar en el juego de la popularidad, imprescindible para tener credibilidad. No quieren, no saben o no pueden. Es una pena, pero es lo que hay, porque casi nadie, ni industrias ni usuarios, queremos perder tiempo explorando las propuestas de personas desconocidas.

Habrá muchos ídolos de internet que sí sustenten su popularidad en talentos excepcionales, pero al convertirse en ídolo, a la gente le interesa el personaje que hay detrás de ese talento, quiere saber más sobre su vida y ahí se construye la ilusión, una vida de ensueño, o de sombras. Presunciones, idealizaciones, acusaciones… Imposible frenar el tren de la imaginación de millones de personas que se sienten con derecho a opinar sobre sus vidas, porque por eso son patrimonio de la humanidad.

Nanjing, China

Al final, la popularidad es prácticamente incompatible con la autenticidad. Incluso quien pretenda ser muy auténtico diferenciándose de los demás corre el riesgo de convertirse en un imitador del raro personaje que se ha creado. La presión de la mirada ajena es una jaula. Los personajes públicos están atrapados en la red de las apariencias. En el mar lleno de peces que es la gente común, las redes sociales extraen a los pescados más grandes para sacarlos al mercado, y el mercado dice que esos son los que valen.

Sobre la autenticidad del personaje público – I Parte: Ser una autoridad

Actualmente TODO ha de pasar por el escaparate de las redes sociales, sino no existe. Un profesional tampoco lo es sin el aval de su popularidad en las redes. Es lo que se ha puesto de moda denominar como: “ser una autoridad”.

Para ser una autoridad en tu vertiente profesional, significa que debes tener visibilidad pública y aclamo de las masas. En las redes sociales esto es fácilmente medible: ¿cuántas personas te leen, cuántos seguidores, cuántos “megusta”, cuántas veces compartidas tus publicaciones?

Casa de Campo,Madrid

No basta con ser bueno en tu trabajo, no basta con producir. Ese trabajo, es decir, el resultado de lo que haces, es secundario. Lo más importante es la marca personal que lo acredite. Los clientes pueden sentirse atraídos por los servicios que ofertas, pero se sentirán mucho más atraídos por la gran personalidad ejecutora de tales servicios o productos. A las masas les gusta escuchar lo que tiene que decir una gran figura: empresarial, estética, técnica, especialista, deportista, artista, provocadora, millonaria… Merece atención cualquier perfil que se destaque de entre todos los bustos sin rasgos, siluetas monocromas, carentes de imagen de perfil, que representamos los millones de personas comunes, es decir, los que no tenemos miles de seguidores en las redes sociales.

Ese afán por diferenciarse y, sobre todo, por alzarse por encima del resto de usuarios comunes, lleva cada vez a más personas a vivir dedicadas a crear una vida virtual que pueda resultar atractiva para los consumidores. Es necesario invertir mucho tiempo para triunfar en este empeño. Aquellos quienes tienen recursos contratan a un equipo que se ocupe de esta exigente tarea. Para otros es una pasión dedicarse personalmente, da sentido a su existencia física, es decir, a la que está fuera de las redes. Se pasan el día ideando estrategias para ampliar su estudiado número de seguidores, que miran fluctuar a lo largo de los días, como si de un angustiado inversor en bolsa se tratara, todo el tiempo pendiente el valor de sus acciones.

Se entiende esta dedicación cuando, como he comenzado diciendo, ser una autoridad se ha convertido en un requisito necesario para ganar credibilidad como profesional en tu campo. Además, están aquellos “profesionales de la popularidad” que no tienen por qué tener un campo de desarrollo profesional concreto, sus esfuerzos van destinados simplemente a ser una autoridad en ser una autoridad. Es decir, en tener a miles de personas pendientes de cómo respiran. Son los denominados “influencers”. Pueden ser generadores de opinión y pautas de consumo en áreas concretas, pero su afán de ser famosos no es el de promocionar sus servicios o productos, sino los de otros por medio de su conquistada autoridad.

Y así dejo explicado brevemente qué es ser una autoridad en el mundo digital hoy en día. En siguientes capítulos, más revelaciones sobre lo que ser una autoridad implica. Y no, yo no soy una autoridad en la materia, pero es que ser una autoridad es una ilusión óptica, por lo que, si yo fuese una autoridad, tal vez no quisiera publicar estas reflexiones.

Continuará…

Se nos ha suicidado otro valiente

Hoy se nos ha anunciado una nueva muerte en el círculo de amigos de la adolescencia. Nueva, porque el año pasado se ya se fue uno de este mismo entorno. Y no es el único entorno, también hace poco se me anunció el fallecimiento de otro compañero de otro ámbito diferente. Los junto a todos porque la causa es la misma, suicidio.

Me cuesta hasta escribirlo, porque es un tema tabú. Por un lado, quien lo comenta parece desagradable por sacar el tema; y, por otro lado, parece como si se acusara a los fallecidos, como si se desmereciese su memoria por mencionar este último acto de sus vidas.

Pues es hora de acabar con el tabú, porque ni ellos han hecho nada extraño, ya que cada día 10 personas se suicidan en España; ni el que lo comenta, como estoy haciendo yo ahora, está siendo morboso. Los expertos aconsejan que se hable de este problema.

La Doriga, Principado de Asturias

Es una tragedia que personas con más de media vida por delante, en apariencia normales y corrientes, alberguen en su interior tanto sufrimiento como para decidirse a dar un paso tan doloroso, para ellos y para sus seres queridos. Es sin duda síntoma de que algo va mal en nuestra sociedad, y es que no son casos aislados, el suicidio resulta ser la causa número uno de muerte no natural en nuestro país. Y eso considerando solamente los que lo logran, ya que hay muchos otros que lo intentan sin conseguirlo.

Mira a tu alrededor y verás varios suicidas. Es así de duro decirlo, pero es la realidad. Parece que da miedo decirlo porque si se asume como algo normal, tal vez se anime a más gente a dar el paso. Lo que yo quiero normalizar, poniéndolo así de claro, es que en la mayoría de los casos falla la comunicación. Por querer callarlo, cuando vemos que alguien está mal, miramos para otro lado. Y el que está mal, por no querer molestar, acaba callando.

Por eso yo admiro tantísimo a la gente valiente que da ejemplo de honestidad, que admite haberse encontrado en el mismo barco, que con su confesión pública hace a los demás sentirse acompañados. Porque ¿quién no ha pensado en la muerte? ¿Quién no se ha sentido solo alguna vez en su vida? El suicidio es el acto de mayor soledad del mundo, de una soledad rumiada durante mucho tiempo.

Ahora mismo tengo amigos conmocionados, atónitos por un hecho que se ha repetido en un breve espacio de tiempo. Las dudas nos asaltan: ¿va a haber otro? ¿quién será el siguiente? ¿a quién estamos descuidando?

Una íntima amiga mía, muy amiga del recién desaparecido, me ha contactado preocupada, reflexionando sobre la necesidad de cuidarnos más, de querernos más y decírnoslo, de hablar más de cómo nos sentimos realmente… Intuyo que, como soy una solitaria con un tipo de vida poco convencional, me ha identificado como otra posible agente de riesgo.

Camino primitivo, Principado de Asturias

Yo desde aquí quiero tranquilizar a mis seres queridos: no tengo ninguna intención de truncar este regalo que es la vida y que hoy sé apreciar. Sí voy a hacer una confesión: debo mucho de mi conquista de la felicidad al estudio del crecimiento personal, y doy las gracias a las personas que me han animado a explorarlo por medio de su ejemplo.

Emei Shan, Chengdu, China

Mucha gente desprecia la filosofía positiva, los manuales de autoayuda, las terapias, las religiones, y todo tipo de herramientas que otros exploramos para intentar superar la adversidad. No pasa nada si a ellos, que les parecen chorradas, no les funciona. Pero no se dan cuenta de que, adoptando esa postura prejuiciosa, censora y de superioridad, están contribuyendo a oprimir a ésos que se sienten mal y que no se atreven ni a expresarlo ni a buscar ayuda para no ser tachados de débiles o ilusos. Esta sociedad de falsas apariencias, de competitividad, de materialismo, de chismorreos y de envidias es la única culpable. Quienes se suicidan, quienes lo intentan, o quienes intentan sobreponerse a su malestar por medio de la comunicación abierta, el desarrollo personal, la medicina o la espiritualidad, son la resistencia, los verdaderos héroes de esta historia.

Cimientos intangibles para un negocio bien estructurado

El capital fundacional que ha de reunir el emprendedor que abre su propio negocio es, antes que nada, su propio trabajo.

La inversión para arrancar un negocio muchas veces no es material o financiera.

La inversión para arrancar es a menudo formación, experiencia, o un porfolio que exhiba el catálogo de productos que ofreces. Esto no se compra, consiste en ejercer el trabajo mismo que será el motor y fuente de ingresos de tu negocio, pero sin cobrar y por un tiempo indeterminado. Es el equivalente a «estar en prácticas» de los trabajos tradicionales.

Emei shan, Chengdu, China

Esto supone que, durante meses, incluso años, dediques todo tu empeño, energía, tiempo y concentración a construirte esta base. Das el máximo de ti, estás a tope, casi día y noche. Al no tener ingresos, es una situación que quieres acortar, esperando sacar pronto a la luz los frutos de esta etapa, y por fin organizar tu empresa en base a horarios laborales normales. En jerga de autónomos esto significa: seguir trabajando casi constantemente.

Muchas personas, acostumbradas al concepto tradicional de empleo, según el cual el trabajo es una penalidad evitable en la medida de lo posible, no están dispuestas a atravesar tan sacrificada, incierta y a veces larga puesta en marcha del emprendimiento profesional.

Además, hay muchos prejuicios sociales contra los que remar, como si tus propias dudas de emprendedor no fueran suficientes.

  • Algunos creerán que, si no estás cobrando, no estás trabajando, luego estás de vacaciones.
  • Otros juzgarán que, si no percibes dinero externo, es que no lo necesitas porque vives de las rentas o te mantienen.
  • Los más perezosos dirán que si estás en casa, estás tirada en el sofá. Este prejuicio perjudica sobre todo a los trabajadores por cuenta ajena, y corresponde a una mentalidad muy española que impide que las empresas voten por el teletrabajo en nuestro país.
  • Los escépticos determinarán que, si tardas tanto en sacar a la luz tu proyecto, es porque no sabes lo que quieres hacer.
Luskentyre, Isla de South Harris, Escocia

Esta fase es solo una parte de la aventura de emprender, del camino del héroe que bien conocen todos los valientes y luchadores que apuestan por cumplir sus sueños, y que yo espero, algún día, recordar con añoranza, no por estar cómoda en la prueba, sino porque la energía e ilusión que me invaden en esta etapa son el mejor sueldo que he percibido nunca.

El blog personal, ¿vanidad o humildad?

Puede parecer que un blog personal, expresión de las reflexiones individuales, es un acto de egocentrismo. Yo he llegado a la conclusión de que es justo lo contrario. Las personas que comparten sus pensamientos ponen a prueba su humildad. Mis inquietudes pueden resultarles molestas a otras personas. Mis teorías pueden despertar discrepancias. En el mejor de los casos, estas letras pueden no importar a nadie.

Animada por lo mucho que me aporta que otros compartan sus escritos, y para obligarme a mejorar mi práctica, decidí incorporarme al dominio público mediante el blog. Necesité de una lista de razones para animarme a dar este paso, que podéis encontrar en mi primer post: La necesidad de escribir un blog.

Cuando veo las entradas de mi blog, o mis publicaciones de Instagram, la inseguridad me provoca con frases como: “¿Pero tú dónde vas? ¡Qué pretenciosa! Lo tuyo es pedantería pura”. Al final me regaño y me digo que, si tengo que mejorar mis contenidos, simplemente me esfuerce por hacerlo. Y practicando es el camino. También me animo, me digo que debería estar orgullosa de mi valentía, porque estoy atreviéndome a mostrarme, algo que no había osado hacer en 40 años.

La gente que habla públicamente sobre sus experiencias regala su desnudez a quien quiera sentirse o no identificado con ella. Ésta, desde siempre, ha sido la labor del artista y del filósofo. Ofrecer identificación es ofrecer acompañamiento. Y en el caso del blog, con su debida sección para comentarios, encima se abre un canal que invita a la conversación y la réplica.

Humildemente reconozco que nada en mis escritos es tan importante como para perder tiempo cuestionando si es o no procedente. Auto censurarme por temor a no ser trascendente sí que sería vanidad. La inseguridad sí que es un acto egocéntrico. Torturarse con frases como «¿qué pensarán de mí?, ¿cómo he podido creer que a alguien le interese lo que escribo?, No soy nada en comparación con las celebridades de Internet», denota afán de querer destacar. Solo alguien cargado de altas pretensiones puede sentir vergüenza por no ser el mejor. Solo cuando hay ansia de reconocimiento hay miedo a no obtenerlo.

No quiero que la osadía que me animó a tomar la decisión de mostrar mis escritos se diluya. Quiero recordarme que la vida es un experimento, y que mis ensayos solo tienen el poder de ayudar a otros o de dejarles indiferentes. En este artículo reconozco que la inseguridad me acompaña muchas veces, por ello me remito a lo dicho en La honestidad como acto de rebeldía y generosidad. Yo no vengo aquí a vender una buena imagen, sino a compartir una simple existencia.

Por eso quiero seguir compartiendo mis pensamientos. Puede que no estén perfectamente expresados, ni sean del interés de la mayoría, pero como me propuse cuando empecé este blog, yo vengo aquí a aprender, y ésta es otra lección que he aprendido arriesgándome a presentarme al examen público, que compartir públicamente reflexiones personales implica un gran ejercicio de humildad que yo aún no tengo superado. Confieso que sigo sintiendo inseguridad, luego no soy todo lo humilde que quisiera ser. Debo seguir practicando y publicar más posts para superarlo.