Sobre la autenticidad del personaje público – II parte: Todos necesitamos creer en algo

Convencionalmente la credibilidad se asociaba al prestigio del informante, digamos, a sus credenciales; pero gracias al fenómeno de las redes sociales, ahora se asocia cada vez más a la presencia de esa persona en plataformas virtuales, y por supuesto, a su número de fans, a la amplitud del alcance de su mensaje.

La credibilidad de un personaje público se mide en el nivel de confianza que genera entre las masas. Se entiende que sus seguidores, gracias a las redes sociales declarados explícitamente como tales, se interesan por sus manifestaciones porque las apoyan, las consideran de provecho o como mínimo, de peso en el contexto general. Es decir, que confían en la importancia de lo que ese personaje transmite. Por eso le siguen.

Ningbo, China

Muchas veces, el número de seguidores sirve a los “no seguidores” como referencia de que ahí hay algo importante, por lo que también se adhieren a seguir a ese personaje. Es decir, más seguidores implica más credibilidad. Es un crecimiento exponencial que tiene que ver con un comportamiento general: el impulso de seguir lo que es popular, más que con lo que esa persona realmente expresa.

El sistema de popularidad en redes es un sistema que tiene muchos puntos oscuros, seguramente muy criticables, empezando por decir que es todo un juego de luz y color. A veces pueden ensalzarse figuras que son espejismos, no tienen ningún talento destacable, pero eso es porque no consideramos destacable su habilidad de hacerse visibles y su carisma para enganchar con los intereses de la gente, por banales que sean. Lo que hace de este circo un sistema injusto es que muchas personas portentosas, con talentos más convencionales: conocimientos en áreas específicas, creatividad, habilidades pedagógicas o destrezas físicas, personas que podrían aportar grandes valores a la sociedad, privan al mundo de su talento por no entrar en el juego de la popularidad, imprescindible para tener credibilidad. No quieren, no saben o no pueden. Es una pena, pero es lo que hay, porque casi nadie, ni industrias ni usuarios, queremos perder tiempo explorando las propuestas de personas desconocidas.

Habrá muchos ídolos de internet que sí sustenten su popularidad en talentos excepcionales, pero al convertirse en ídolo, a la gente le interesa el personaje que hay detrás de ese talento, quiere saber más sobre su vida y ahí se construye la ilusión, una vida de ensueño, o de sombras. Presunciones, idealizaciones, acusaciones… Imposible frenar el tren de la imaginación de millones de personas que se sienten con derecho a opinar sobre sus vidas, porque por eso son patrimonio de la humanidad.

Nanjing, China

Al final, la popularidad es prácticamente incompatible con la autenticidad. Incluso quien pretenda ser muy auténtico diferenciándose de los demás corre el riesgo de convertirse en un imitador del raro personaje que se ha creado. La presión de la mirada ajena es una jaula. Los personajes públicos están atrapados en la red de las apariencias. En el mar lleno de peces que es la gente común, las redes sociales extraen a los pescados más grandes para sacarlos al mercado, y el mercado dice que esos son los que valen.

13 respuestas a «Sobre la autenticidad del personaje público – II parte: Todos necesitamos creer en algo»

  1. Hay que seguir buscando esos talentos que merece la pena conocer por muy ocultos que estén. Es triste ver que muchísimos de los que sobresalen y más seguidores tienen, sean personas que no tienen dos dedos de frente, una cultura mínima por no decir nula y que no aportan absolutamente nada.

  2. Quiero pensar que la influencia de toda esta generación de instagramers, youtubers, influencers… Y demás «- ers» es algo sobrevolando, creado y alimentado por la propia industria que se beneficia de ello. Que los seres humanos llevamos miles de años años comunicándonos en presencia, y esto de las redes ha ocurrido hace un segundo… Me gustaría pensar que en las decisiones importantes sabemos distinguir entre quien utiliza las RRSS como herramienta para transmitir sus conocimientos, de los que no tienen nada que decir, y su canal es un fin en sí mismo… Pero ya no estoy tan seguro

    1. Es genial escuchar que otros piensan igual que uno mismo. Gracias por este comentario, yo tengo la misma esperanza! Entre muchos también podemos convertir una esperanza en una realidad! Un abrazo, Taliesin

    2. Piensas bien. ¡Vamos, rebien!
      Siempre hubo influencers, aunque no se llamaban así. Gente que sobresale y crea opinión.
      Desafortunadamente ahora hay montones de influencers que lo único que pueden aportar es un desconocimiento absoluto de todo que esparcen allá donde van, creando más analfabetos funcionales. Solo importa la apariencia y decir 4 memeces en inglés que ni ellos mismos saben lo que significa.
      Las redes le han dado voz a todos los que no tienen ninguna vergüenza, exhiben su incultura sin ningún tipo de pudor, ya que no saben que son extra-incultos y sin embargo hay mucha gente que tiene algo que decir que no lo expresa ya que es consciente de sus limitaciones. Y si lo expresa es con unos pies de plomo que los otros nunca tendrán.
      Se impone la cara dura y el dinero al bolso. Triste pero real.

  3. Todavía estoy luchando por entender cómo sucede. Las personas se ven bien en lencería (o tocan muy bien la guitarra) y de manera automática tienen una visión política y conocimiento de temas importantes de nuestro tiempo.
    Si solo fuera guapo en sujetador y bragas, encontraría la solución al calentamiento global.

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