Vida práctica

Revelador odio a los ricos

Quienes manifiestan un odio incuestionable hacia las personas adineradas, acusándolas por el simple hecho de tener dinero, sin ahondar en los medios y circunstancias que les han proporcionado esos bienes, son tan explícitos con su odio como clara es la manifestación de su envidia.

Son precisamente esas personas cargadas de prejuicios las que me crean más desconfianza, pues si tanta es la importancia que atribuyen a las posesiones, tal vez sean ellos mismos quienes no desaprovecharían una vil oportunidad para enriquecerse si se les brindara.

Pensar que toda persona lleva dentro el instinto de corrupción que le brinda una posición aventajada, es simplemente reconocer la semilla de esa predisposición en uno mismo.

El dinero no me crea ninguna fascinación, no es algo en lo que piense. Pienso, eso sí, en todo lo que quiero hacer de forma productiva, en todas las creaciones y aportaciones con las que quiero contribuir a la sociedad. Y, resultado de ese deseo, puedo llegar a pensar en cómo gozar de los beneficios que me generarán esas acciones. El dinero que pasa por en medio de este círculo de producción y consumo es solo una herramienta consensuada de nuestra sociedad que nos sirve para tasar esos movimientos de flujo, de entradas y salidas, de medios personales.

Monte Heng (Provincia de Shanxi, China)

¿Por qué iba yo a juzgar a la gente en base a su capital, observando en todo momento la presencia o ausencia de dinero a su alrededor? A mí no me importa el estado económico de los demás. Si alguien tiene o no dinero, ello no va a condicionar mi acercamiento a esa persona, ni va a llevarme a calificarla de mejor o peor. El estado financiero de los demás no tiene nada que ver con el mío propio.

Si tengo pruebas de peso sobre actos delictivos o que pongan el peligro el interés común, puedo denunciarlo, pero no es mi responsabilidad solucionar las desviaciones de cada uno; y desde luego no es mi voluntad hacerme mala sangre con pensamientos infundados y completamente parciales. Si otros cometen actos ilegales o ruines para proporcionarse dinero, ello es solo cuestión de la conciencia de cada uno y de los organismos judiciales.

Lazos rojos de los deseos en la Montaña de Tianmen, Zhangjiajie, China.

El dinero no hace a las personas malvadas. Las conductas malsanas están presentes en gente con y sin dinero. Una persona que se conduce avariciosa y egoístamente, teniendo dinero va a tener más ocasiones de alimentar esa podredumbre interna. No es que el dinero le pudra, es que la persona ya estaba infectada. De la misma manera, los medios materiales contribuyen a expandir la influencia positiva de las personas honorables e íntegras.

Decir que los ricos son malos es tanto como decir que uno mismo no sabría hacerse cargo de esa riqueza. Y si nadie en absoluto fuera capaz de hacerse cargo de la riqueza, estamos negando toda capacidad de responsabilidad, progreso y amor en el ser humano. La riqueza, precisamente, es la consecuencia de nuestro trabajo, de nuestra evolución, y si con ella somos felices y capaces de administrarla de forma constructiva, es además símbolo de nuestra trascendencia como seres inteligentes.

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