Vida práctica

La trampa de la justicia divina

Reconozco que por mucho tiempo y en numerosos ámbitos me he amparado en esa cómoda y protectora excusa del “todo llegará”-¡Inocente! Efectivamente nadie se lo merece más que tú. Ni menos tampoco. No es cuestión de que alguien o algo externo decida que me lo merezco y me lo dé, sino de que yo misma me lo creo (tengo esa creencia de merecerlo) y me lo creo (hago por encontrarlo).