Vida práctica

Las señales que existen

A menudo oigo la pregunta: ¿Crees en las señales? La respuesta me parece obvia, claro que creo, están por todos lados. ¿Acaso hay algo más objetivo y perceptible que una señal? Las señales son signos, marcas, representaciones, comunicados, sonidos, insignias, sellos y lo que a cada uno le dé la gana… Estamos rodeados de señales.

No creo en las señales como algo místico, igual que no creo en el destino. Creo en lo que nosotros agarramos de este infinito de cosas que suceden a nuestro alrededor para poner nuestra atención y darle un sentido.


Parque de entrada a las grutas de Yungang, Datong. China.

Ocurren coincidencias maravillosas, pero hasta en eso influimos con nuestras acciones cotidianas. La experiencia me demuestra que cuanto más activos y atentos vayamos por nuestro respectivos caminos, más propensos estaremos a cruzarnos con esas señales, comúnmente denominadas casualidades.

Un amigo me recomendó un libro. El autor no sólo escribe libros, sino que encima da conferencias, escribe artículos, publica podcasts, participa en programas de radio… Así que, siendo como soy tan entusiasta, me gustó y empecé a absorber todo el trabajo suyo que pude. Encontré referencias que me hacían pensar en mis amigas, así que compartí con ellas la obra de Borja Vilaseca y empezó el debate, porque unas estaban en contra, otras a favor, y para sostener nuestras argumentaciones teníamos que seguir absorbiendo las publicaciones de este hombre. En cuestión de tres días en los que no hablábamos de otra cosa, una de mis amigas fue a Madrid para una consulta médica, y cuando se paró en un cruce de peatones oyó una voz detrás que le resultó muy familiar. Se giró y era él, que tampoco vive en Madrid, pero había venido a dar una conferencia. Cuando nuestra amiga nos mandó su foto junto con este personaje del que no sabíamos nada unos días antes, a todas nos pareció un hecho increíble. Inevitablemente surgió la conclusión de que se trataba de una señal.


Templo en el Monte Qingcheng, Chengdu. China.

El encuentro me parece una coincidencia bestial, pero no quiero dejarlo ahí, quiero interpretarlo más allá: es prueba de que todo es posible, de que el mundo es muy pequeño, así que conquistarlo no es tan descabellado, y es incentivo de seguir escuchando y aprendiendo, porque así se fomentan situaciones como ésta, que fue maravillosa. Si no sé quien es la gente que me inspira porque no investigo, aunque me la cruce por la calle seguiré andando de frente y perdiéndome experiencias destacables.

Las señales no nos vienen dadas por una fuerza sobrenatural, las señales las ponemos nosotros. Coges algo que te pasa y le das un significado, lo mismo que ocurre cuando ponemos una señal de tráfico en un punto concreto de la carretera. Algo que ocurre merece ser resaltado, analizado, recordado, y por eso le pongo una señal. Esa señal me queda como confirmación de que voy por el buen camino, o al contrario, puede ser una señal que me advierte de que si vuelvo a ir por ahí, hay peligro.

En mi caso he elegido que la mayoría de las señales que diviso sean felices indicadores. Las que yo decido tomar como señales me informan de la existencia de una gran oportunidad, solo visible para el observador avezado.

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